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Amnistía

500 euros
La realidad de la calle siempre camina veinte pasos por delante de la realidad oficial. Si a esto le añadimos que los malos son en general más rápidos y eficaces que los buenos, nadie se extraña de que los dineros negros campen por sus fueros ajenos a todo intento de regularización.
Por lo visto no hay inspectores suficientes para detectar este agujero fiscal que se escurre en la impunidad. O no hay voluntad política de llevarlo a los tribunales. Por eso de vez en cuando se activan planes tendentes a prorrogar el escándalo de la forma menos escandalosa posible.

La última, esta oferta de Rajoy a los capitales opacos para que salgan a la luz, insiste en la estrategia de mirar hacia otra parte. Todo el peso de la ley que se aplica contra terroristas y delincuentes comunes desaparece cuando se avista la tropa de millonarios ocultos tras negocios blanqueados. El discurso riguroso que ha inspirado recortes sociales y abaratamiento del despido se vuelve blando como un flan a la hora de afrontar el fraude fiscal. En vez de tijeras y palo, a los defraudadores se les ofrece comprensión y facilidades, por mucho que hace solamente dos añitos Rajoy y Cospedal se rasgaban las vestiduras ante la posibilidad de una amnistía fiscal insinuada por ZP.

Veremos qué responden los listos de siempre: si se acogen al plan de reinserción o prefieren seguir viviendo en el dulce anonimato al que se han acostumbrado tras tantos cambios de gobierno y planes de regulación. El partido en el poder propone pero al fin quien dispone es el defraudador.

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