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Ballant, ballant…

ballant ballantFoto: Ultima Hora

De Andratx al cielo
1912-2005. No pudo llegar al centenario porque antes fue reconvertido en pisos: el Teatro Argentino no tuvo la suerte de la Dragonera, aunque este homenaje tardío es, si cabe, igualmente emocionante. Me gusta que el espectáculo no se haya dejado llevar por la nostalgia o el revanchismo. Algunos de los implicados en la demolición del Teatro Argentino ya viven su purgatorio judicial, sin conseguir destruir una memoria histórica felizmente recuperada ahora. Verdadero canto a la libertad artística (¿cuántos estilos distintos conviven en dos horas que se nos hacen cortas?), esta crónica sentimental de todo un siglo es una desbordante celebración. Festiva, vitalista, arrolladora. Todo cabe, de la Falange a Fred Astaire, de Massiel al tango en catalán, en este gigantesco puzzle que nos deja un sinfín de escenas, algunas de ellas memorables y casi todas cargadas de humor y sensibilidad. El trabajo de maquilladores y encargados de vestuario, realmente agotador: pocas veces habremos disfrutado de tal cantidad de atrezzo sustituyéndose a tal velocidad. Enorme trabajo de equipo, que consigue coordinar con fluidez lo que es un muestrario de coreografías musicales que ningún espectador sería capaz de recitar al acabar la función. Alud de canciones y bailes, recreados con fidelidad y gusto, ejecutados con la profesionalidad de los verdaderos amateurs. Los actores de dejan la piel en el escenario para conseguir que el público asista a un desfile mágico de estilos y modas, sabiamente contextualizado con breves documentos sonoros o audiovisuales (ay, aquel Nodo) de las distintas épocas. Mucho trabajo de recreación personal: algunas escenas son parodias, otras incorporan montón de pequeños detalles de cosecha propia. Impagable el final. Carnaval, de Venecia a Río. Hasta siempre.

Ballant, ballant… Embruix Art. Dirección: Joan Porcel
Sala Mozart, 1 de febrero

Artículo publicado en Ultima Hora (03-02-11)

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