en tiempospos(t)modernos

Barça, la inmersión futbolística

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No basta el juego bonito ni los títulos ni aquello de “més que un club”. Hoy el Barça es más que todo esto. Es justamente lo que envidia y añora un madridismo huérfano, enrabietado por no poder comprar la felicidad a golpe de talonario.
El Madrid vence (sus números en esta Liga y en la Champions son de récord), pero no convence. El Barça quizás no vence siempre (el Madrid le saca 5 puntos en la Liga) pero convence.

La fidelidad de sus seguidores contrasta con la ansiedad ciclotímica de los fans del Madrid, parecida a la de los jugadores que han apostado todo su dinero a un solo número. Mientras cada partido del Barça es una ocasión para el disfrute, los del Madrid son un examen que pone a prueba la autoestima y la confianza del equipo y sobre todo de sus seguidores. No importan 20 victorias consecutivas: un tropiezo puede significar una hecatombe.

La plenitud del Barça tiene que ver con la fidelidad a un esquema, a un estilo. El que tienen los futbolistas del primer equipo, del segundo, del tercero, de los juveniles, alevines, infantiles… El Barça es una escuela, una familia, un clan. Una comunión mamada desde el primer chut. Una filosofía interiorizada mediante un largo proceso de inmersión comparable al que se practica en el sistema educativo catalán desde la guardería.

Un lenguaje, con su gramática, sus doctores y sus catedráticos. Con su genealogía y casi heráldica. Un idioma (posesión del balón, elaboración, pase, control, juego de equipo, vertebración en torno al medio campo) creado por Cruyff y llevado a la plenitud por Guardiola, descendiente directo del patriarca.
En el extremo opuesto, el Madrid lleva décadas dando bandazos a la busca de una fórmula ganadora invirtiendo en mercenarios de lujo a los que ficha como salvadores que entran por la puerta grande y son despedidos en voz baja por la puerta trasera. Entrenadores pero también jugadores llamados absurdamente a construir una esencia madridista que se reinventa cada dos años y puede variar de partido a partido.

El Barça está estructurado de acuerdo al modelo de la familia tradicional: una empresa de toda la vida, identificable y sin apenas cambios en las características de sus productos. El Madrid funciona según los parámetros de la economía multinacional, deslocalizada y globalizada. Ahora en manos de unos inversores portugueses (Mou, Cristiano, Pepe, Carvalho, Coentrao…), mañana quién sabe.

El Barça seduce por la calidad de su juego y sus triunfos pero también por el valor añadido de sus señas de identidad. En una sociedad en descomposición donde los grandes productores de valores (la iglesia, la política, el sistema escolar, la familia…) están en crisis de transformación o decadencia, millones de personas se giran hacia el fútbol como refugio en demanda de espectáculo, y sobre todo de celebración grupal, de identidad colectiva: de ahí que hoy sea una de las poquísimas fidelidades que siguen vigentes. Uno es de un equipo para toda la vida. Pero para materializar esta fidelidad, es necesario que el club, el equipo, mantenga un determinado perfil con el que identificarse.
Y el Barça es fiel a su estilo. Al espíritu de la Masia.

Imagen: Piqué y Cesc Fábregas (Football Vintage)

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Comentario

  1. No te engañes. Cuando ya no estén Messi, Xavi e Iniesta ya veremos dónde está el Barça, el estilo y la Masía.
    Entre Cruyff y Guardiola en el Barça ha habido de todo un poco, buscando lo que hay hoy.
    Así está el Madrid ahora, buscando …

    • Seguramente es un ciclo irrepetible (¿cuándo volverá a tener los tres mejores jugadores del mundo?), pero creo que esto no quita el carácter identitario de su juego apoyado en el trabajo de cantera. Y este valor añadido le da confianza y fiabilidad, cercanía y seguridad a todos sus seguidores, habitantes como somos de una época en descomposición sin apenas referencias.