en tiempospos(t)modernos

Barrigas

gordas playaGadafi ya está en la lista de los dictadores derrocados, y Occidente lo celebra como una victoria casi con el mismo entusiasmo con el que hasta hace bien poco aplaudía sus excentricidades y compraba su petróleo.
Desde la Revolución francesa, el milagro laico de la liberación del pueblo se repite con ocasión de cualquier acontecimiento homologable: así, el pueblo español se desquitó de décadas de opresión internacional al celebrar el triunfo de la Roja en el Mundial de fútbol. Por la misma razón se fusiló a Bin Laden. Y se invadió Irak para liberar a su pueblo de un sangriento dictador con el cual igualmente se había estado haciendo negocios y acciones militares conjuntas.

El pueblo es la coartada perfecta para cambios de rumbo radicales en los juegos de poder. En realidad, pasamos de una dictadura a otra, aunque solo nos enteramos de que lo era cuando es sustituida por la nueva. Que por supuesto aterriza como redentora.
El comunismo ni siquiera llegó a la dictadura del proletariado porque el partido se encargó de impedirlo, y la Europa oriental que abrazó la causa capitalista tras el derrumbe del muro de Berlín ha pasado a engrosar las filas del subdesarrollo económico.

Hoy tenemos libertad de expresión pero vivimos bajo la tiranía de los mercados y la moda.
Los ancianos, los gordos o los feos están prohibidos. Así que si usted quiere contemplar una imagen que refleje pálidamente esta libertad nunca conseguida, váyase a la playa y vea como cientos, miles, de personas mayores o no se pasean en la orilla con sus barrigas colgando.

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