en tiempospos(t)modernos

Benedicto XVI, papa postmoderno

¿Qué es esto de que seguirá “cargando con la cruz“? Se retira a un monasterio que están reformando para que pueda rezar en una confortable humildad.

Es lo que tiene tantos siglos de incontinencia verbal metafísica: los eclesiásticos han sido durante siglos maestros del lenguaje, virtuosos de los discursos, sofistas emborrachados de retórica, actores a tiempo completo encargados de seducir en masa (sermones, misas) y cara a cara (confesiones) para legitimar la administración de un patrimonio descomunal.
El Papa pues juega con las palabras. Nada nuevo. O sí: nunca un pontífice moderno se había atrevido a ningunear al Espíritu Santo que había inspirado el cónclave decisivo. Más allá del argumentario tramposo (dice estar cansado en vez de desbordado por una crisis de gobierno tan política -grupos internos enfrentados- como económica -Vatileaks- y moral -escándalos pederastas-), Benedicto XVI se vale del relativismo postmoderno que todo lo desacraliza, para entregar un mensaje que es recibido con la mayor comprensión. Casi complicidad.
En una comunidad de católicos selectivos, ¿iba a ser menos su máximo líder? Así, liberado de la ortodoxia que él predica e impone, rompe un compromiso divino.
Más humano que la reina Isabel II de Inglaterra o el rey Juan Carlos de España: el Papa se jubila.

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