en tiempospos(t)modernos

Café hiperindividualizado

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“Café para todos”: una expresión condenada al olvido por cuanto tiene de igualitaria y hasta democrática.
El mercado impone soluciones individualizadas que alimenten la fantasía del egocentrismo. Narcisismo virtual reforzado por tantos mensajes publicitarios que nos animan a ser diferentes.
Pasa con la ropa pero también con las gafas, los complementos, el peinado, los tatuajes, la comida. Hay decenas de yogures distintos (marcas, componentes, targets), de cafés.
Descafeinados de máquina o sobre, fuertes, largos, cortos, bombón, capuchino, con hielo. Por no hablar de la gama críptica de los Nespresso, etiquetada con terminología de enólogo: elegante, floral, aterciopelado, ligero, refrescante, persistente, redondo, equilibrado…
Lo importante es atrapar al usuario en una sinestesia que confunde y cautiva para así atraparlo en un imaginario confortable donde es el rey, destinatario único de un producto creado para él.
Y si vamos al bar, la fantasía se refuerza visualmente: cafés decorados con mil y un motivos distintos

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