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Cagar en cuclillas es más sano

La generalización de disfunciones orgánicas relacionadas con el sistema digestivo parece que nos devuelven la atención a la alimentación. “Somos lo que comemos”, una evidencia que empieza a ser aceptada como hipótesis. Si comemos basura, es difícil que nuestro cuerpo esté sano y vigoroso, y de paso tampoco nuestros sentimientos y pensamientos ya que forman parte de un todo que somos cada uno de nosotros. La polémica empieza cuando queremos definir qué es esta basura que nos perjudica y enferma, y aquí se abre un debate infinito entre tantas escuelas, tendencias y posiciones. Que si la dieta mediterránea, que si comer un poco de todo, que si la cocina de mi abuela, que si el crudivorismo, que si la macrobiótica, que si hay que congelar el pescado para evitar males mayores, que si huevos ecológicos o camperos, que si hay que comer aquello que nos hace apetece porque el cuerpo es sabio, que si nuestros padres estaban equivocados.

Me gusta la aportación de Giulia Enders. Es guapa, joven y simpática. Además de alemana (una especie de garantía imaginaria de fiabilidad) es médico y nada dogmática. Es la autora de La digestión es la cuestión (otras traducciones el diversos idiomas: Darm mit charme, Le charme discret de l’intestin, A vida secreta dos intestinos, L’intestino felice. I segreti dell’organo meno conosciuto del nostro corpo), una reflexión light que apunta a la felicidad de los intestinos. Escúchalos, son la parte casi más importante de tu cuerpo. La conciencia del cuerpo no solo tiene que ver con la respiración (como se insiste en la meditación), también con el aparato digestivo, este que solo cobra protagonismo para hacerlo callar cuando provoca eruptos, gases o ruidos varios. Escuchar los intestinos, aceptarlos es el primer cambio para llegar a amarlos y ser menos infelices.
Giulia Enders propone además comer más prebióticos (Diferencias entre prebióticos y probióticos): plátanos, espárragos, alcachofas, cebolla, lentejas, puerro, centeno, avena, trigo integral. Y defecar (un eufemismo que muestra cómo la función digestiva sigue envuelta en un oscurantismo y una cursilería superiores al que rodea el sexo) en cuclillas.

Cagar con las piernas dobladas como hacemos en el campo, porque es la postura natural que ayuda a una evacuación sin violencias y que eliminamos de nuestras convenciones sociales cuando la urbanización sistemática modificó hábitos ancestrales por otros más civilizados. Pero con la crisis ecológica actual (cambio climático, agotamiento de recursos, sequías) hemos empezado una revisión de aquellos patrones nacidos de una industrialización masiva ajena a criterios tan básicos como el de la sostenibilidad. Y esta mueva sensibilidad nos permite cuestionar (o al menos comentar, explorar) antiguas costumbres que a lo mejor no eran tan negativas. Por ejemplo, cagar agachados o en cuclillas apoyando los pies en un simple banquito.
defecar-en-cuclillas

Por cierto, ¿cuándo recuperaremos el bidé? Otro ingenio útil que la presunta modernidad se ha cargado.

Bonus: Nuestro estómago tiene 100 millones de neuronas: Modificar los microbios intestinales puede cambiar la conducta
En YouTube puedes encontrar abundante documentación, como esta lista de reproducción con más de 120 vídeos sobre el tema El estómago inteligente, el segundo cerebro

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