en política

Cascos, Álvarez Cascos

Alvarez_Cascos
Rajoy es funcionario. Registrador de la propiedad, con reserva de plaza en Santa Pola si no me equivoco: al parecer, mantiene la titularidad en ausencia de la plaza gracias a una triquiñuela legal y lleva 20 años cobrando la parte que le corresponda del reparto de los 20 millones de euros obtenidos en este Registro.
Rajoy es además gallego, de forma que poco podremos aclarar de sus negocios porque él va a lo suyo. Dirige el PP mientras conserva y rentabiliza su puesto de trabajo en la tranquila villa turística alicantina. Sin prisas ni escándalos, él a lo suyo.
Por ejemplo, a dejar en el camino a los antiguos mandamases del PP, aquellos capitanes intrépidos que presumían de autoridad y se exhibían ante los medios como hace El Pocero en su yate, sacando pecho y barriga de nuevo rico. Algunos de estos voceros de Aznarlandia siguen ahí predicando el regreso a las fuentes (Espe como médium privilegiada) pero a Rajoy no le importa. Flanqueado por la Cospedal y la Soraya, hace unos añitos que se divorció de su familia para crear una nueva. Rato o Mayor Oreja son parientes lejanos, y todavía más Cascos, un tránsfuga de Asturias que corrió a abrazar la causa de Madrid cuando en realidad Mariano es gallego y le dijo varias veces que estaba muy contento de verlo tan animado a sus más de 60 años. En fin, lo que se les dice a los conocidos para quedar bien y quitárselo de en medio cuando empiezan a llorar sus desdichas.
Rajoy se ha librado de Cascos, este James Bond de la política casposa y caciquil capaz de maltratar a sus propios escoltas, sin ni siquiera despeinarse. ¿Para qué liarse a hostias como le hubiese gustado al ex-asturiano si tiene su plaza en la playa de Santa Pola fabricando un dinerito tranquilo?

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