en tiempospos(t)modernos

Comemos demasiado, follamos demasiado

Algo va muy mal en el planeta cuando la mitad de la población pasa hambre y la otra mitad está sobrealimentada. Comemos demasiado (los que vivimos en esta mitad), tanto que dedicamos parte de nuestra energía en combatir los efectos de este exceso: dietas de adelgazamiento, consultas médicas, píldoras y demás. Comemos además mal y deprisa. Grasas saturadas, azúcares, hidratos de carbono, comida industrial. Nos cebamos a nosotros mismos como hacen en las granjas intensivas con los animales, solo que en ambientes más acogedores.
Imposible no ver en este derroche una muestra más de la hipermodernidad. Según Lipovetsky no vivimos en la postmodernidad (el agotamiento de los metarrelatos de la modernidad: el Estado-nación, el desarrollo ilimitado prometido por el capitalismo, la revolución social prometida por el comunismo) sino en los tiempos hipermodernos. La modernidad llevada al límite. Más de todo.
Y no solo comemos demasiado. También compramos demasiado. Sabemos demasiado. Nos movemos (viajamos) demasiado.

Es cierto que como reacción o alternativa existen el slow food, las slow cities y en general el movimiento slow. Pero se trata de opciones minoritarias, que el sistema hipermoderno no tiene inconveniente en promocionar e integrar: cuanta más oferta haya en el mercado, mejor.

Y si ya existe una sensibilidad hacia/contra los excesos gastronómicos (nouvelle cuisine, comida sana, dieta mediterránea) y un refinamiento cultural (Master Chef como icono mediático de este cambio), no pasa lo mismo con el sexo. Todavía estamos en la fase del péndulo opuesta a la impuesta por siglos de puritanismo. Ahora el sexo es vida y todos sus efectos son beneficiosos. El sexo es salud. Hay que practicar sexo con frecuencia porque previene un montón de enfermedades, también psíquicas.
Coincide este discurso médico con la industria del sector (el porno es quien más tráfico genera en internet y la prostitución es la segunda industria en el mundo, y la pornografía la sexta)

Follamos demasiado porque somos hipermodernos, consumidores compulsivos. Pero también porque, a pesar de todo, seguimos siendo una sociedad machista. El modelo sexual que se nos vende y estimula se corresponde con un imaginario masculino. Y, lo peor, no veo que se cuestione.
Solo me encuentro con noticias tan neutrales (“anécdotas” dicen) como esta: El tráfico de páginas web porno disminuye durante la emisión de los partidos en el Mundial de Brasil 2014

deja tu comentario

Comentario