en tiempospos(t)modernos

Cómo escribir en postmoderno

Magritte Cola

Circula por la red un texto de Stephen Katz, profesor de Sociología en la Universidad de Trent (Ontario, Canadá) que parodia el estilo de algunos ensayistas postmodernos, cargado de pedantería y barroquismo.

El título del texto es Cómo hablar y escribir en postmoderno. He suprimido lo de hablar porque creo que estos excesos son propios (en ocasiones, exclusivos) de la escritura

Posmodernidad ha sido la palabra del cuchicheo de la academia durante la última década. Libros, artículos, conferencias y cursos universitarios han hecho eco del debate sobre la posmodernidad que enfoca el carácter único de nuestra época, donde la computación, la economía global y los medios han transformado de forma irrevocable todas las formas de compromiso social. Como profesor de Sociología que enseña sobre cultura, me incluyo en este ambiente. En efecto, tengo gran interés en la posmodernidad tanto como movimiento intelectual que como problema práctico. En mi experiencia, parece haber un abismo entre aquellos que ven el giro posmoderno como un retapizado neoconservador de los mismo viejos arreos, y aquellos que lo ven como una ruptura largamente postergada con las doctrinas modernistas en la educación, la estética y la política. Sin embargo, creo que el auténtico abismo no es tanto proposicional como lingüístico. La postura puede ser tan importante como la política cuando tiene que ver con la inteligencia. En otras palabras, puede que sea menos importante si a uno le gusta o no la posmodernidad que si uno puede o no hablar y escribir en estilo posmoderno. Tal vez a uno le gustaría unirse a la conversación con los mandarines locales de la teoría cultural y de las reflexiones profundas de todo tipo, pero no se sabe qué decir. O cuando uno contribuye con algo que considera relevante, incluso ingenioso, a uno acaso le ignoren o le miren con lástima. Aquí le presento, pues, una guía rápida para hablar y escribir en posmoderno.

Primero, necesita recordar que el lenguaje sencillo aquí no tiene sentido. Es demasiado realista, modernista y obvio. El lenguaje posmoderno requiere que uno utilice el juego, la parodia y la indeterminación como técnicas críticas para enfatizar esto.
Con frecuencia, éste es un requerimiento bastante complicado, de modo que ser oscuro puede ser un buen sustituto. Por ejemplo, imaginemos que usted quiere decir algo como “deberíamos escuchar las perspectivas de otros pueblos fuera de la sociedad occidental, para aprender sobre los prejuicios culturales que nos afectan” Esto es honesto y aburrido.
Considere la palabra “perspectivas”. El habla posmoderna la cambiaría a “voces”, o mejor, a “vocalidades”, o mejor todavía, a “multivocalidades”. Añada un adjetivo como “intertextual”, y está listo.
“Los pueblos fuera de” también es chato. ¿Qué tal “los otros poscoloniales”?
Para hablar apropiadamente en posmoderno hay que dominar un lote de prejuicios aparte de los familiares como racismo, sexismo, edaísmo, etc. Por ejemplo, falogocentrismo (centrismo masculino combinado con formas racionalistas de lógica binaria).
Finalmente, “nos afectan” suena como un pijama a cuadros. Use verbos y frases más oscuras como “median nuestras identidades”. Así, la declaración en último término diría “deberíamos escuchar las multivocalidades intertextuales de los otros poscoloniales fuera de la cultura de Occidente con el objeto de aprender sobre los prejuicios falogocéntricos que median nuestras identidades”. ¡Y ya está hablando en posmoderno!
Puede que a veces esté apresurado y no tenga tiempo de pasar lista siquiera a un mínimo número de sinónimos y neologismos posmodernos necesarios para evitar una desgracia en público. Recuerde, decir algo equivocado es aceptable si lo dice de la manera correcta.

Esto me trae a una segunda estrategia importante para hablar en posmoderno, y que es usar tantos sufijos, prefijos, guiones, rayas, subrayados y cualquier otra cosa que su computadora (una necesidad absoluta para escribir en posmoderno) pueda manejar. Puede hacerse de un cuadro de referencia rápida para evitar demoras. Haga tres columnas.
En la columna A ponga sus prefijos: pos-, hiper-, pre-, de-, dis-, re-, ex-, y contra-.
En la columna B van sus sufijos y terminaciones relacionadas: -ismo, -idad, -itis, -ción e -icidad.
En la columna C añada una serie de nombres respetados que sirvan como adjetivos o escuelas de pensamiento, por ejemplo, Barthes (barthesiano), Foucault (foucaldiano, foucaldesiano), Derrida (derrideano, derrideanismo).
Ahora la prueba. Usted quiere decir o escribir algo como “los edificios contemporáneos son alienantes”. Es un buen pensamiento pero, por supuesto, no va. Con una frase así, ni siquiera le volverían a pasar la bandeja de galletas con queso en una recepción luego de una conferencia. En efecto, después de decir esto, le podrían pedir que se quede pero para limpiar los restos de queso y galletas. Vaya a sus tres columnas.
Primero, el prefijo. Pre- es útil, como pos-, y varios prefijos a la vez es genial. Más que decir “edificios contemporáneos”, sea creativo.. “Las pre/pos/espacialidades de la hipercontemporaneidad contra-arquitectural” es más promisorio.
También tendrá que abandonar el término “alienante” por débil y anticuado, y reemplazarlo con algunas palabras con sufijos bien puestos de la columna B. Qué tal “antisocialidad” o, para ser más posmodernos e introducir ambigüedad con una frase enlazada, “antisocialidad/seductividad”.
Ahora vaya a la columna C y agregue algunos nombre cuya obra todos consienten en que es importante y que a duras penas alguno haya tenido el tiempo o la inclinación de leer. Los teóricos europeos continentales son los mejores en caso de duda. Recomiendo al sociólogo Jean Baudrillard, pues tiene una buena cantidad de material difícil sobre el espacio posmoderno. No olvide hacer alguna mención de género.
Finalmente, agregue algunas palabras para igualar y unir todo el enredo y no olvide meter guiones, rayas y paréntesis.
¿Qué consiguió al fin? “Las pre/pos/espacialidades de la hiper-contemporaneidad contra-arquitectural nos (re)comprometen hacia una recurrencialidad ambivalente de antisocialidad/seductividad, enunciada en un discurso baudrillano de/genereado de subjetividad granulada”. Podría escuchar el sonido de un alfiler pos-industrial al caer en el suelo retro-cultural.
En algún punto es probable que alguien le pregunte de qué habla. Este es un riesgo que enfrentan todos los que hablan en posmoderno y debe ser cuidadosamente evitado. Dé siempre al preguntón la impresión de que no ha entendido el punto, y envíele otra salva verbosa de habla posmoderna, a modo de “simplificación” o “aclaración” de sus declaraciones originales. Si eso no funciona, usted podría quedarse con el terrible pensamiento modernista de “no sé”. No se preocupe, solamente diga “La inestabilidad de su pregunta me deja con respuestas contradictoriamente superpuestas cuya interconectividad no pueden expresar la coherencia logocéntrica que usted busca. Sólo puedo decir que la realidad es más desigual y que sus (malas) representaciones son más indignas de confianza que el tiempo que tenemos para explorar”.
¿Más preguntas? ¿No?, entonces, pasen el queso y las galletas.

Vía @julianab
Imagen: Consume hasta morir

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Comentario

  1. No podría retrucar sin caer en la ambivalencia ya mencionada y de paso menoscabar el augusto sentido literario del autor, quien no escatima en rreas del verbo por modernista género que ostenta y diatónico acento que imprime: agraz y mordaz.
    Por tanto solo deseo, luego de leer el artículo, mencionar entre los que faltaron en el texto a “Les Luthiers”…