en tiempospos(t)modernos

Creencias desplazadas, creyentes selectivos

No sé en otras latitudes, pero por estas buena parte de la gente que se dice católica apenas va a misa y se desentiende de las instrucciones del Papa (por ejemplo en materia sexual, donde se prohíbe cualquier forma de anticonceptivo y solo se contempla la relación sexual dentro del matrimonio con fines procreadores)
Algo parecido sucede con los partidos y los sindicatos: la gente pasa de los primeros y solo acude a los segundos en busca de auxilio jurídico puntual, pero sigue acudiendo a las urnas a votar.

Creyentes selectivos, militantes light. A la carta. El individuo (verdadera religión de la postmodernidad por cuanto es la base de un consumismo personalizado aunque masivo, otra de nuestras paradojas) por encima de iglesias, organizaciones, instituciones, creencias.
Pero, ¿por qué mantenerlas si ya son caducas y no forman parte real de nuestra vida cotidiana?

Mantenemos las fiestas religiosas (las fiestas populares mantienen su invocación al santo o virgen de turno), las bodas y bautizos por la iglesias, las votaciones, incluso las manifestaciones del 1 de mayo, en nombre de la tradición, de la historia, de la cultura. No solo por inercia, también y sobre todo por no desprendernos de una autoridad (lejana, difusa, oscura) que nos protege y retiene como miembros de una comunidad, de un grupo.

Nos escandalizan los islamistas (qué carga tan negativa contiene el adjetivo fundamentalista) por cuanto son verdaderos creyentes. Fieles a las normas y ministros de su religión. La nuestra fue así (Cruzadas, colonización, Inquisición, Indice de libros prohibidos, películas censuradas…) pero hemos aprendido a distanciarnos de este código autoritario que constriñe el pensamiento y la acción.

Creemos en Dios, el Papa, la democracia… a cambio de que apenas nos obligue, nos confronte, nos comprometa en esta sociedad postmoderna alérgica a cualquier tipo de ideología. Corrijo: no creemos, decimos creer.
No tenemos creencias (como tienen los musulmanes), las hemos desplazado hacia nuestros abuelos, los siglos pasados.

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Comentario

  1. Muy bueno, Emili. Yo también quiero escribir algo sobre el tema porque el domingo llevé a mi madre a misa y era terrible ver el local y la gente.