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Cruyff y la cantera del Madrid

El Ajax cerró el traspaso de su jugador de moda al Madrid pero él se negó. Se enfrentó al club (una constante en su vida) y acabó cumpliendo su capricho: fichar por el Barça. ¿Capricho? Intentaré explicar su famosa filosofía a partir de esta anécdota.
Fichó por el Barça porque allí estaba el holandés Rinus Michels entrenando, y Cruyff siempre fue un hombre de casa. De familia, de barrio, de ciudad, de club, de nación. Un perfil que complementaba con otro bien distinto (¿acaso no somos todos un poco esquizofrénicos?) de negociante y hasta pesetero. Su padre murió cuando solo tenía 12 años pero le dio tiempo a trasladarle el amor al Ajax, el club que estaba a unos metros de su casa y su colmado y del que era proveedor de frutas y verduras. Su madre entonces tuvo que dejar sus labores de ama de casa y se puso a trabajar como mujer de limpieza. También en el Ajax, donde fue la encargada de mantener limpios los vestuarios.
No había pues solución de continuidad entre la casa, la familia, la calle, el club, el fútbol. Todo en uno. La misma cercanía, el mismo apego, la misma identidad, el mismo arraigo.
Hasta que decidió dar el salto, hombre ambicioso al fin (asesorado además por su suegro, un negociador adelantado a su época cuando los jugadores no tenían representante que luchase contra los directivos). Y el Barça (“más que un club”) fue su segundo Ajax, Catalunya su segunda patria. Se empeñó y consiguió registrar a su hijo como Jordi frente a la negativa legalista de los juzgados franquistas, y ha defendido en derecho a la autodeterminación.
Cruyff ha sido un líder que, al margen de sus aventuras mercantiles con las que mal cerró su carrera deportiva en EEUU y en el Levante de Segunda División, buscó un entorno familiar donde poder imponerse. Genial y egocéntrico, tendió a ser un jefe patriarcal y exigió plenos poderes, de ahí su choque de trenes con Núñez que fracturó el barcelonismo y después con Rossell. Se enfrentó a los ejecutivos, a los que seguramente ninguneaba desde su privilegiado talento futbolístico. Como ha hecho Guardiola después, quería un control total del vestuario, algo que consiguió en la mayoría de ocasiones por la adoración de sus jugadores.
Prolongó su influencia sobre el Barça refugiado en un rol de asesor y desde la presidencia de su propia fundación. Hasta el punto que hoy se confunden la historia de Cruyff y la del Barça de los últimos 50 años.
Dicen que revolucionó el fútbol: el control del balón (“mientras lo tenemos nosotros no pueden marcarnos gol”), la polivalencia del jugador, la prioridad del centro del campo, el toque colaborativo, la valentía estratégica (aquel 4-4-3 casi suicida que hoy nadie asume), el juego vertical que se traduce en espectáculo. El día que Cruyff murió coincidió con el amistoso Italia-España. Y yo me sorprendía al ver el juego elegante de la selección italiana, que hasta hace una o dos décadas era famosa por su aburridísimo catenaccio. Pero también ha cambiado el juego de la selección española (con su reciente tiki taka) y hasta el de la alemana, hasta entonces todo músculo. Gracias a Cruyff el fútbol de ha hecho más inteligente y bello. “El fútbol empieza en la cabeza”, decía.
Pero esta nueva religión no sería nada sino se hubiese creado a su alrededor una iglesia. Y esto también es obra de Cruyff. La cantera, la Massia. Repaso los entrenadores en activo: ahí están Eusebio (Real Sociedad) o Abelardo (Gijón), pero también Koeman (hace poco en el Valencia y maquinando para llegar un día al Barça, Dios no lo quiera), el Chapi Ferrer, Sergi Barjoan y tantos otros. ¿Cuántos entrenadores de élite provienen de la cantera del Madrid?
El Dream Team no acabó cuando acabó su ciclo porque Cruyff se había encargado de definir las reglas de toda la familia, desde las categorías infantiles al primer equipo. Todos (a su imagen y semejanza: ¿se te ocurre un modelo más patriarcal que este?) jugarán igual. Y de la fuerza de esta cohesión han salido Piqué, Xavi, Iniesta, Fábregas, Busquets, Messi.
Por esto Cruyff criticaba la política del Madrid, que no cuida su cantera con mano de hierro y guante de terciopelo como hace el Barças. Florentino y su estrategia de talonario para comprar los mejores del mundo. Cruyff: “Yo no quiero comprar, prefiero educar desde pequeños”: así se unían sus vocaciones de líder y de empresario.
Y es que Cruyff era un tipo listo. Un caso rarísimo de personalidad que sintetiza la genialidad caprichosa y visionaria con la voluntad pedagógica y de mando, y el pragmatismo más apabullante. “Jugar al fútbol es sencillo pero hacer sencillo el fútbol es muy difícil”
De esta tendencia patriarcal que es también apego al entorno deriva su critica al fichaje de Neymar (un gasto innecesario que además pone en peligro la pureza del clan), su fidelidad a la patria y a la familia. Tanto es así, que no dudó en alinear como titulares a su hijo o a su yerno.
Se ha puesto en marcha una campaña una iniciativa popular para que el Camp Nou pase a llamarse Johan Cruyff. No creo que triunfe. Al final, el fútbol es un gran negocio que controlan las grandes fortunas, los tiburones de la construcción y las finanzas, los verdaderos poderes fácticos contra los que Johan chocó tantas veces.

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