en más o menos

Cumplir los 60

man progressive
Cuando los cumplí (abril 2011) pensé que este era un buen momento para hacer esto que llaman reflexión panorámica, por supuesto en positivo y sin nostalgias, de lo que había significado la década de mis 50 años.
Matrimonio (después de más de 10 sin vivir en pareja), dos hijas (que ahora tienen 8 y 10 años) más los dos hijos de ella (19 y 22 años en estos momentos), dos cambios de residencia, un infarto y una angina de pecho al año siguiente, un cólico nefrítico, una operación de próstata, un cargo profesional de cierta responsabilidad, varios blogs… En fin, que estos diez años daban para bastante. Aunque en realidad me atraía más la idea de contar cómo se enfoca la vida a partir de los 60, una edad que en la era moderna significaba algo así como entrar en el ámbito de los desahuciados y en esta era postmoderna supone el inicio de una tercera juventud.
Pero han pasado ya casi cinco meses y sigo sin escribir el post. Todo un síntoma creo que del poco interés que realmente me despierta (o quizás, en clave psicoanalítica, de lo mucho que me asusta abordarlo)
Durante estos meses en que de vez en cuando recuperaba la idea de escribir sobre los 60, dos ideas se imponían a las demás. Una, la tópica de que no existen los años sino la actitud psicológica con que uno se relaciona consigo mismo y su entorno cada día (y en este sentido me da la impresión de que vivo mejor que hace quince años). Otra, también tópica, que la vida pasa muy rápido acelerándose a medida que avanza.
Buscando algo más original que añadir, se me ocurre lo de la insoportable levedad del ser que acuñó Kundera pero quitándole la queja o el desánimo. La VIDA, en mayúscula, es injusta y absurda en muchas ocasiones por mucho que nos empeñemos en buscar o construir perspectivas desde las que disimular tal realidad: baste recordar cómo sufrían las personas (y en especial las mujeres) antes de los antibióticos por ejemplo, o las hambrunas y las masacres que asolan grupos étnicos o zonas del planeta actual, para quererse bajar como pretendía Mafalda.
Cuanto más vivimos y sabemos más nos damos cuenta de lo mucho que ignoramos. Y si uno no se aferra a las seguridades de las iglesias o a las señas de identidad que proporcionan algunas familias, muchos clubs de fans y todos los equipos de fútbol, la existencia es efectivamente tan frágil. Pero, ¿quién demostró que era consistente, coherente y demás entes?
O sea que se llega a los 60, cuando se llega, sin más mérito que haber llegado ahí sin darse cuenta. Y como reza también el tópico, no importa tanto lo que tienes sino lo que haces con lo que tienes.

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