en tiempospos(t)modernos

De Gila a Campofrío

Pues no, no me gusta el bendito anuncio. Me parece engolado y hasta previsible. Una historieta buena para niños malos, que juega con la fibra sentimental de la época para meternos con calzador a los protagonistas más gamberros: incluso Torrente tiene su corazoncito y respira amor en navidad.
Lo de menos es Campofrío. O Navidul, o El Pozo, o cualquiera de las marcas que busca asociar en nuestro imaginario sus carnes con la dulzura familiar. Lo de más es Álex de la Iglesia y toda la panda de humoristas jugando a Papá Noel. La reconciliación de Josema y Millán, un abrazo por el que hubiese pujado Ana Rosa o la María Teresa: Telecinco vestido de cortometraje, con toda la pompa y circunstancia del evento.
¿Scorsese filmando una de mafiosos? Mucho más: el desfile de algunos juguetes rotos (¿qué fue de Chiquito?) presididos por SS enfilando el camino del cementerio. Glorioso, qué peliculón. Con la pátina de colores tierra y siena de las películas de género.
Hasta aquí, un truco con oficio. Paz y amor por una buena causa entre los cómicos, aunque otros dirán que faltaban nombres imprescindibles en este cameo de lujo, filmado con pretensiones. Cada uno debe de haber cobrado su pasta para aparecer en este revival.
Pero Gila ahí no pinta nada. Es simplemente un abuso disfrazado de homenaje. El teléfono más heterodoxo de nuestra historia convertido en final feliz de un comercial. Si la historia me había parecido pedante el desenlace me resulta de lo más grosero.

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