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Dinero low-cost

Los derrumbes financieros tienen que ver con las burbujas (típicamente inmobiliarias, pero también tecnológicas como la de las puntocom entre 1998 y 2000) y el abaratamiento de los créditos. Por supuesto, con la complicidad de los gobiernos y las instituciones reguladoras que casualmente son incapaces de detectar los signos de alarma en sus primeras fases.

La historia es más o menos así: los grandes inversores deciden abandonar un sector (económico, geográfico) para embarcarse en otro distinto. Ponen en marcha el marketing que lo haga apetecible (¿recuerdan las maravillas de Marina d’Or?) e invierten masivamente. Los productos (por ejemplo, las casas que se construyen sin parar) suben y suben de valor. Para que los compradores den abasto a tanta oferta se fuerza a los bancos a facilitar préstamos sin apenas garantías. Dinero artificial que cuando deja de fluir (caída de Lehman Brothers, hipotecas subprime) deja en la ruina al sector (ciudadanos desahuciados, empresas quebradas) pero a salvo a los grandes inversores: los gobiernos salen en ayuda de los bancos y colocan dinero público en sus cuentas. Usted y yo hemos pagado la burbuja.
La estamos pagando, porque los mercados no son compasivos y buscan ganar más y más. Hay que recortar en prestaciones sociales, privatizar servicios rentables (como la medicina en España) y pobretizar la mano de obra.
El límite está en la capacidad de los consumidores. No nos matan de hambre porque nos necesitan para seguir comprando. Entonces, poco a poco, los banco vuelven a dar créditos.

En vez de regular los mercados financieros (ahí están las SICAV o los paraísos fiscales), los líderes económicos (FMI, BCE) optan por mantener el modelo. Inyectar dinero barato: Mario Draghi anuncia la puesta en circulación de 1 billón de euros a un interés cercano al 0% para que fluya el crédito. O sea: les regalarán dinero a espuertas a los bancos para que ellos nos lo dejen a un 4, un 5 o un 12%. Es barato, aunque lo pagamos caro.

Dinero low-cost (el que coloca el BCE) como concepto homologable a esta sociedad identificada con la comida basura, vuelos low-cost, ropa outlet o minijobs: el mensaje es claro, nos queda la supervicencia.
Dicho de otra forma: las burbujas no son un accidente, forman parte del sistena. El capitalismo ya está creando la próxima burbuja. Es más: cada crisis es una oportunidad (la sociedad del schock de Naomi Klein) de aumentar la presión de la economía neoliberal. Con la crisis actual ha aumentado la brecha entre ricos y pobres. Los muy ricos son aún más ricos: el 1% de la población ha aumentado su riqueza. Los multimillonarios son más multimillonarios.

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