nieve Mallorca 2011

en tiempospos(t)modernos

El fin de

El gato de Schrödinger
Creemos saber de economía y repetimos los tópicos del momento (deuda soberana, déficit, rescate, prima de riesgo, IBEX…) y manejamos con soltura conceptos biológicos (selección natural, eslabón perdido, ADN, células madre, fecundación in vitro), pero en poesía nos quedamos en la generación del 27 o como mucho en José Hierro.
Estamos al tanto del fin de la historia (Fukuyama: una vez derrumbado el muro de Berlín y descompuesto el imperio soviético solo nos queda más del mismo capitalismo), o del final de la geografía (Paul Virilio: la deslocalización cibernética nos hace habitantes de un mismo paisaje donde además puede comerse la misma hamburguesa o pizza en cualquier punto del planeta), pero nos resulta difícil citar un filósofo vivo (José Antonio Marina no vale) comparable a Wittgenstein, Sartre, Nietzsche o Hegel.

Y nos parece un lío tremendo todo lo referido a la física del siglo XX, que ha dejado atrás la concepción newtoniana de un mundo ordenado y estable: si no fuera por los pósters de un Einstein homologable al imaginario hollywoodiense, su teoría de la relatividad nos sonaría a tomadura de pelo, tanto o más que la mecánica cuántica según la cual un gato puede estar vivo y muerto al mismo tiempo.

No queremos saber de poesía, de física, tampoco de música culta (relegada a bandas sonoras (Gyorgy Ligeti compuso la de 2001, una odisea en el espacio): ¿quién soporta una obra de Schoenberg?) pero aceptamos la pintura y la escultura contemporáneas. El fin del pensamiento abstracto. Queremos tocar carne fresca. Que llegue el viernes, o sea: el finde de verdad.

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