en tiempospos(t)modernos

El hombre es el único animal que quiere tropezar en la misma piedra

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Vivimos en un loop, cada uno atrapado en aquella relación (personal, profesional, familiar) que un día iniciamos sin prever cómo iba a marcarnos y todavía hoy no entendemos (si es que llegamos a registrarla).
Dicen que la vida se divide en dos partes: la primera es la infancia, y la segunda (todo lo que viene después), que dedicamos a reconstruirla y elaborarla. Una perspectiva psicoanalítica avant la lettre, que de ser cierta nos reduce a unos pocos años significativos de existencia. El resto es volver sobre nuestros pasos, o desandar lo andado. Penélope.
Repetimos roles y situaciones (demasiadas veces de forma inconsciente) porque un día nos marcaron y necesitamos revisitarlos, revivirlos. ¿Para solucionarlos y liberarnos definitivamente de ellos? Tal vez no: quizás reproducimos los conflictos (siempre el mismo, disfrazado de múltiples ropajes) por un apego casi inconfesable. Una suerte de síndrome de Estocolmo que nos liga a nuestro maltratador, a esta zona oscura de nuestra psicología que nos impide crecer, acercarnos a nuevos paisajes donde no tropezaríamos con la misma, maldita, piedra. Dejarla atrás equivaldría a traicionar a nuestros padres, simbólicos o no.

Ilustración : Alberto Montt

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