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El rey en la tele y yo con estos pelos

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Como en años anteriores, se me pasó el mensaje del Rey. Y no porque sea antimonárquico (que también) sino por lo previsible del discurso, enlatado en un programa televisivo que atenta contra los principios elementales del universo catódico. No me refiero al contenido (que también), sino al formato. Este tipo de intervenciones oficiales urbi et orbi pertenecen al estilo más casposo del siglo XX, baste rebobinar cómo Obama solventó su anuncio de la ejecución de Bin Laden: directo y rápido. Creo que a Juan Carlos le hacen falta asesores de lo audiovisual (seguramente le sobran los financieros, diplomáticos, médicos o deportivos) que conozcan la existencia de Hulu o HBO, por ejemplo.
He visto finalmente algunos fragmentos del discurso de este año (está colgado en todas las webs) y se nota un tímido afán de modernización. Planos menos larguísimos y algunos cambios de cámara. Pero el estatismo sigue lastrando una puesta en escena demasiado solemne, todavía empapada de aquel aire trágico (mesiánico según la versión oficial) que marcó la aparición del Rey en plena noche de las pistolas rotas. Pero han pasado 30 años desde el golpe de Tejero, y la transición ya es historia.
Mi carta a los reyes: adiós a los tópicos. También al de la monarquía.

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