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Ensaladera

Copa Davis
La épica de esta quinta (seguro que para muchos superior en trascendencia a la quinta de Beethoven) tiene que ver con el baño mediático. Es cierto que los dos números uno han contribuido en el partido final (cuatro horas y eso que no llegaron al quinto set) a darle emoción a un resultado que afectaba el orgullo nacional (España: 5 ensaladeras en 11 años; Argentina: 4 finales consecutivas perdidas) y que el público (casi 30.000 personas) se tomó como una fiesta reivindicativa.
Por algo se había escogido Sevilla. Pero al calor humano en directo se sumó el entusiasmo televisivo. Chapeau para una realización que marca el rumbo del deporte, cada vez más cerca de ser asunto de Estado. El patriotismo se cocina a fuego lento y explota como un orgasmo en la tele cuando los deportistas defienden nuestros (sic) colores. No se habla de sueldos millonarios sino de emociones, gratitudes, equipos. Todo es alucinante, fantástico. ¿Se fijaron en que no hubo cortes publicitarios durante las retransmisiones? Entrevistas, pequeños reportajes, paneos VIP en tribunas en las pausas. Que no decaiga. Al final salió redondo: el Rey y la bandera.
Después.. Ya lo ha anunciado David Ferrer: la copa Davis no entra en los planes de mi próxima temporada, hay Juegos Olímpicos y no quiero perdérmelos. Y Nadal también.

Foto: EFE

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