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Enseñanza informal

Hace unas semanas curioseé en la web de Coursera y me suscribí a un curso de Machine Learning (algo así como aprendizaje automático: cómo crear algoritmos para que el software aprenda a medida que procesa más datos) Dura diez semanas y puede apuntarse quien quiera para seguirlo como y cuando quiera. Está estructurado de forma impecable (cada unidad es una secuencia de vídeos en inglés subtitulados, con ejercicios y material complementario; todo, descargable en distintos formatos)
Por distintas razones interrumpí el curso apenas diez días después de iniciado. No importa. Igual lo retomo más adelante. O aparece otro más interesante.

La Universidad se abre a la enseñanza informal: MOOCs, certificados o no, con una proyección brutalmente superior a los típicos cursos o talleres presenciales de verano o abiertos, o a la oferta académica para mayores.
Internet explota como plataforma de aprendizaje. Asíncrono, ubicuo, no reglado, caótico. Una oferta infinita que nos desborda e invita a la bulimia intelectual.

Pero al ciudadano multitarea que vive en la economía de la abundancia le corresponde un proceso continuo y abierto de reciclaje, más allá del impuesto burocrático que supone matricularse en una institución oficial y pagar por obtener un título. La enseñanza formal (programas y calendarios cerrados definidos de acuerdo a un progreso estándar) no está en crisis porque es el modelo asumido por los Estados. Pero pierde el atractivo que gana la enseñanza informal, una oferta que recupera los alicientes (curiosidad, libertad…) que todo aprendizaje de verdad debería mantener vivos.

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