en tiempospos(t)modernos

Estética militar

Bush padre y los suyos pusieron en práctica la guerra quirúrgica. Operación limpia y puntual, que aplica la tecnología punta con la misma eficacia de un cirujano al extirpar el apéndice.
Quizás tal estrategia estuviera basada en la lección aprendida en Vietnam: desde entonces no han vuelto a aparecer en televisión soldados norteamericanos muertos en campos de batalla. Aprendida la lección, la invasión de Kuwait dejó en el imaginario occidental un pato embadurnado de petróleo como principal víctima .
Todo lo contrario de lo que se mostró en la guerra de los Balcanes, generosa en cadáveres y escenas escalofriantes testigos de la barbarie.

La violencia queda para los conflictos ajenos a la presencia norteamericana: la OTAN considera de mal gusto las fotos con sus soldados muertos. Pueden herir la sensibilidad de una población occidental que no tiene inconveniente en contemplar los restos humanos del terremoto de Haití o de atentandos suicidas en Irak o Pakistán.

También las guerras postmodernas tienen su estética. Y su ética: nuestros ejércitos se limitan a cumplir misiones. Bin Laden desapareció en el mar, como el cadáver de Gadafi no necesitaba autopsia o Sadam fue ahorcado en secreto.
Sin juicios ni investigación, la realidad de la muerte tiende a desaparecer de nuestras crónicas militares siguiendo el modelo de nuestros hospitales y en general de nuestra vida cotidiana.
Negación de la muerte en una época volcada al confort, la juventud y el deporte: no queremos saber.

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