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¿Para cuándo el eurobono?

euroLa prima de riesgo española ha superado estos días los 400 puntos en varias ocasiones, un índice que aboca al país al rescate europeo como pasó con Irlanda, Grecia y Portugal.
Aclaremos que la prima de riesgo expresa la diferencia entre la rentabilidad del bono alemán y del español en este caso, a 10 años, siendo el bono de un país la deuda pública de este país que compran los mercados como inversión. Que la prima de riesgo española esté en 400 puntos significa que hay una diferencia de un 4% entre la rentabilidad del bono alemán y el bono español. Digamos (es un ejemplo aproximativo) que los mercados financieros compran deuda alemana cobrando un 2% de interés mientras que a la deuda española le aplican un 6%, 4 puntos porcentuales más.
Aclaremos también que el término rescate implica que el país rescatado pierde su autonomía económica para quedar tutelado o intervenido por instancias internacionales (FMI, BCE) que imponen un ajuste implacable que permite al capital global mayores oportunidades de negocio.

Consecuencia evidente: hay grandes diferencias en la rentabilidad del euro según en qué país se invierta en deuda pública. Y sin embargo todos los países de la eurozona usan la misma moneda y están sometidos a la misma autoridad. Antes del euro, España y los demás países tenían autonomía económica para aplicar sus propias políticas, por ejemplo devaluando la moneda.
No existe tal posibilidad desde el euro, con lo que cada país debe ajustar su economía a las pautas de Alemania, la economía más potente y solvente del grupo. De esta forma los desequilibrios se hacen cada vez mayores, y las primas de riesgo de España o Italia se disparan.

Lo cual nos sitúa frente al absurdo de un mercado común con una moneda común que no tiene una política económica común ni compite en los mercados financieros con una estrategia común.
Por no hablar de aquella Europa social, de la que prácticamente ya nadie se acuerda.

Por contra, la relativa presión inmigratoria ha empujado a Dinamarca a abandonar el acuerdo de Shengen que instituye la libre circulación de personas a lo largo de Europa. De forma paralela, Francia expulsa rumanos y búlgaros e Italia pone en práctica estrategias disuasorias para ahuyentar a nordafricanos huidos de sus países. Resultado: la propia Unión Europea asume la posibilidad de reabrir las fronteras interiores.
Europa es una ficción burocrática que se ha mantenido unida mientras no ha aparecido la crisis. Sin valores identitarios ni posicionamientos internacionales (recuérdese la lentitud a la hora de afrontar las guerras balcánicas) ni una política económica única que permitiese la creación del eurobono. Deuda europea en los mercados financieros, que no podrían así atacar con fuerza economías débiles pero por lo mismo apetitosas como son ahora la española y la italiana.

En su lugar: aumento de la ultraderecha xenófoba y nacionalista como regresión a un escenario todavía más incongruente con la realidad amenazante del capitalismo global.

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