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Finlandia tan cerca, tan lejos

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Uno escucha a los que han visitado al sistema escolar que llegó del frío, a los que han estado allí compartiendo horas y aulas, y todo resulta tan fácil, tan evidente.
Pero desde aquí nos limitamos a repetir tópicos (que si PISA, que si no PISA) sin despegarnos de nuestro fracaso escolar. Como pasa con el cáncer, hay demasiados profesionales que viven del fracaso escolar como para sentir una verdadera necesidad de cambiar nuestro sistema. Un sistema que se ha encerrado en el interior de un muro de lamentaciones al que cada día, cada clase, cada evaluación, acuden a llorar profesores, padres, directores o tutores para repartir culpas de lo poco que trabajan los críos. ¡Y lo mal que se portan!
Pero uno contempla a los que vuelven de Finlandia tras haber mamado sus clases y piensa que allá no hay milagro sino sentido común. Una receta de lo más simple, que poco tiene que ver con las reivindicaciones de sindicalistas y expertos, ni siquiera con la inversión de recursos o el sueldo de los profesores:
1. Selección exigente de los aspirantes: solo los mejores, los más completos, llegan a maestros
2. Seguimiento. Evaluación cotidiana y abierta del proceso
3. Responsabilidad. El Ayuntamiento contrata al director, y este contrata a los profesores
4. Soporte familiar. Servicios sociales individualizados y eficaces que garantizan que cada niño está bien atendido en casa

Cuatro pautas tan sencillas que escandaliza comprobar cómo las obviamos para empeñarnos en discutir bizantinamente reformas educativas, que una tras otras se demuestran ineficaces. Dictadas bajo el lema lampedusiano de cambiar cosas para en el fondo no cambiar nada.
Y no cambia porque los profes y maestros somos piezas de un sistema autoritario que se retroalimenta. Peor: que se retroalimenta deficientemente porque está en crisis desde que se desmoronó el autoritarimso político (léase franquismo, pero también comunismo y demás aparatos basados en un modelo centralizado y burocrático) y el autoritarismo familiar, aquel que entregaba al niño en la escuela amenazado y bien amenazado (“si el maestro te pega, yo al llegar a casa te pegaré el doble”)

No hay milagros. Ni las escuelas finlandesas funcionan bajo un sistema disciplinario (como sí es el caso coreano) ni los niños son escolarizados en fase temprana, todo lo contrario. No hay milagro, solo sentido común.

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