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Frozen, el otro amor verdadero

Frozen Anna Elsa

peligro Aviso: espoilers

La serie británica Dates incluye entre sus 9 episodios (9 citas a ciegas concertadas en Internet) un episodio lésbico protagonizado por dos bellezas femeninas. Nada de marimachos ni feúchas. Tampoco se corresponden con el tópico la pareja protagonista de la serie norteamericana Orange is the new black (web de Netflix no accesible oficialmente desde fuera de EEUU, pero puede salvarse fácilmente la aduana con Mediahint): Piper y Alex son dos treintañeras bien modernas y atractivas.
Podemos rastrear relaciones parecidas en series actuales. Por ejemplo, en Boardwalk Empire: Angela Darmody, la esposa de Jimmy, mantiene dos relaciones lésbicas
La televisión incorpora al imaginario universal glamuroso la homosexualidad femenina (no pasa lo mismo con la masculina) sin valores añadidos negativos o morbosos. Plena naturalidad.

El cine es otra cosa y todavía más el cine infantil. Pero el mercado impone la actualización de iconos y valores: hace años que Disney dejó atrás el prototipo de princesa WASP tonta y cursi para explorar figuras femeninas autónomas de otras etnias. Pocahontas o Mulan.
Ahora estrena Frozen, una parábola con la fantasía climática tan de moda como trasfondo, en la que por fin se desentiende del modelo romántico dominante. El príncipe resulta ser un taimado asesino, y el vendedor bonachón, acaba siendo plato de segunda mesa porque durante toda la historia Anna estaba enamorada de Hans.
Y todas las catástrofes solo podían ser neutralizadas con un beso de amor verdadero (ecos de La Bella Durmiente o La princesa Prometida)… que finalmente no es tal.
Así llega al cine infantil para todos los públicos un nuevo escenario donde el hombre no salva a la mujer sino otra mujer: solidaridad femenina

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