en tiempospos(t)modernos

Gafas bipolares

Very French Gangsters
Apología simultánea de la adrenalina y del relax allá donde uno se gire, seguramente porque no existe una experiencia sin la otra, y cuan más radical sea la primera más tendrá que serlo la segunda. Discotecas, marcha, borracheras, viajes, parques temáticos, deportes de riesgo, apuestas, hiperactividad laboral: fórmulas estimulantes que siguen la estela del café, el alcohol, la heroína o la coca, paralelas a todas estas otras ofertas de spas, meditación, playas, prozacs y demás desconexiones, herederas del opio o el porro.
La felicidad está en ambos extremos en una economía que vende con entusiasmo tanto la vida a tope como el ralentí de lo light descafeinado. Efecto no colateral de vivir en la civilización ecléctica del relativismo obligado. Machacarse para después relajarse, dos momentos (tensión / distensión) de un mismo flujo, de un mismo ciclo. Hoy crecen como champiñones los trastornos bipolares, asumidos con la naturalidad de un resfriado o el colesteriol, convertidos ya en tópico de cualquier conversación cotidiana. “¿Qué tal tu amigo? Bien, controlando su trastorno bipolar”.
Consciencia escindida entre opciones contrapuestas, vendidas ambas con el mismo discurso seductor, así nos bandeamos a lo largo de horas o semanas: un poco de adrenalina, un poco de desconexión, al dictado de las modas.
Ahora están de moda las gafas. Desligadas de su tradicional utilitarismo y elevadas a la condición de fetiche, hoy las gafas son un complemento más. Color, forma, estilo. Por eso se llevan incluso con cristales sin graduación. Paralelamente se multiplican las ofertas de operaciones quirúrgicas para aquellos obligados a llevar gafas o lentillas. Yin y yang del consumismo, lo importante es comprar, cambiar. Me opero los ojos hasta ahora con gafas o lentillas para ponerme unas gafas guay sin graduación a juego con la ropa o la hora. Libertad, divino tesoro.

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