en tiempospos(t)modernos

Gitanas

Como profe siempre hay alumnos que te caen mejor que otros, aunque no por esto los trates o evalúes distinto. Me refiero al trato, al feedback. A la relación casi personal que estableces y que en ocasiones se prolonga mucho más allá del aula. Alumnos que con el tiempo se convierten en amigos.
Muchos profesores tienen debilidad por los alumnos más obedientes y cumplidores. A mí me caen especialmente bien los honestos, los originales, los listos.
Entre los alumnos que tengo estos últimos años en que doy clases en ESO hay varios gitanos. Este curso, seis o siete. Todos ellos integrados sin problemas ni discriminaciones con los compañeros. Tan integrados que ayer supe que una de mis alumnas favoritas es gitana. Ni me había enterado. Es una de mis mejores alumnos porque es lista y atenta; muy participativa y madura en sus aportaciones. También es sensible. Le gusta la literatura (leer, escribir, comentar) y a veces está un poco depre porque tiene pesadillas por las noches.
Y a partir de este descubrimiento caigo en la cuenta de que las alumnas gitanas que he tenido en los últimos años o que tengo este año me caen bien. También me llevo bien con los alumnos gitanos pero ellos suelen ser peores alumnos. Ellas en cambio son más formales. Con este punto de autoestima, de ambición por hacer las cosas bien. Quizás la mayoría de ellas no llegue a Bachillerato o la Universidad, más hoy día en que las cosas se están poniendo tan chungas. No será por falta de apoyo familiar en la mayoría de casos. He tratado a los padres de algunas de ellas (y de ellos), y suelen ser jóvenes y responsables, con ganas de que sus hijos triunfen en los estudios. Hay de todo, es cierto, pero me apetecía contar este lado bonito y con futuro que tan poco tiene que ver con el tópico y la imagen que se proyecta desde los medios.

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