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Her: amar, llorar, amar

– Tengo muchos sueños sobre mi ex-esposa, Catherine… en los que somos amigos, como antes. Y en los que ya no vamos a estar juntos, ni estamos juntos… pero aún somos amigos. Y ella no está enojada.
– ¿Está enojada?
– Sí.
– ¿Por qué?
– Creo que me escondí… y la dejé sola en la relación.
– ¿Por qué no te has divorciado todavía?
– No sé.
– Creo que para ella… es solo un papel. No significa nada.
– ¿Y para ti?
– No estoy listo. Me gusta estar casado.
– Pero no han estado juntos en casi un año.
– No sabes lo que es perder a alguien que te importa.

Es secundario que Theodore (¿je t’adore?) se enamore de un sistema operativo, el gancho comercial de la peli. La belleza de esta historia está en el aprendizaje del amor: amar a la persona que te ha dejado.
Él es un tipo femenino. Romántico y juguetón. El sexo no es lo más importante sino la comunicación, la complicidad. Él escribe cartas para otros porque siente intensamente, y el amor, este amor, está en las palabras. Contar al otro, escucharle. Escribirle, leerle. Conversar con el otro aún cuando no están juntos. El flechazo es esta emoción de hablar, de contar, de conocerse.
Si te fijas le pasa lo mismo con Catherine que con Samantha: ellas crecen. La primera profesionalmente, la segunda tecnológicamente. Y él se retira, se esconde en su mundo amable y cariñoso (la fiesta con su ahijada) a donde le llega la noticia de la ruptura. Ellas tienen que irse. Y él (difícil encontrar un amante tan fiel) las sigue amando

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