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Histéricas y TDAH

El siglo XIX, tan cientifista él, se empeñó en diagnosticar y tratar la histeria, una enfermedad cajón-de-sastre que desde los griegos se había asociado a un sinfín de síntomas, aunque siempre había una sexualidad reprimida como telón de fondo. Algo inevitable, comprensible ahora que tenemos ojos para mirar la historia de la mujer. Los científicos del XIX se pusieron manos a la obra y se atrevieron con terapias que iban desde la masturbación médica (un trabajo engorroso que agotaba y fastidiaba al doctor, que solía derivarlo a su enfermera de turno), a ingenios naturales (lavados de vagina a chorro) o mecánicos (o sea: vibradores, que por cierto se hicieron de lo más popular; muchos hogares tuvieron vibradores eléctricos antes que radios o neveras eléctricas). Pero la histeria se mantuvo ahí, mutante, adoptando nuevas y distintas sintomatologías porque la mujer seguía siendo un objeto sexual sometido a la violencia masculina. Los estudios de Freud desmitificaron la enfermedad y la posterior liberación de la mujer han dejado la histeria en nada. De ser una patología común a ser una reliquia del pasado.
(Otra cosa es que la histeria como trastorno psicológico no siga estando presente, dejémoslo ahí para otra ocasión)

Soy profesor de ESO, y en mis aulas aumentan los alumnos diagnosticados con TDAH, trastorno de déficit de atención e hiperactividad. Otro cajón.de-sastre, este hipermoderno, que pone de acuerdo a profes, padres y médicos. Muerto el perro, muerta la rabia: mediquemos al niño (¿acaso no es el eslabón más débil de la cadena?). Así, muchos de mis alumnos llegan a clase con su ración de metilfedinato. empastillados como si fuesen vejetes sedados. Pero pasa como con la histeria del XIX: los alumnos TDAH siguen dando problemas. Un día están medio dormidos, otro se despistan, y otro no paran de moverse o de hablar. Aumentar o disminuir la dosis, no parece haber otra solución a corto plazo desde este planteamiento bioquímico que permite trabajar a los psiquiatras y psicólogos, enriquecer a la industria farmacéutica y descargar de responsabilidad a unos padres y profesores demasiado estresados a los que siempre falta calidad de tiempo.

Hace poco se ha destapado una entrevista concedida por Leon Eisenberg siete meses antes de morir. El considerado descubridor del TDAH en los años 60 afirmaba que está sobrediagnosticado y que en realidad la enfermedad tiene algo de ficticio porque tiene un origen psicosocial.
Curioso: tal rectificación de la mayor autoridad en la materia apenas ha trascendido ni ha generado un terremoto en la comunidad científica o pedagógica. ¿Quién renuncia a una pastilla?

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