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Homeland, la mejor serie de 2012

Homeland
Se acabó la segunda temporada: otros doce capítulos comprimidos en otoño, ahora nos toca esperar tres estaciones hasta el estreno de la tercera temporada en septiembre u octubre de 2013.

Lo mejor de la serie:
1. Carrie. Conmovedora. Un personaje proteico.
2. Saul. El papá que nunca tendremos
3. Dana. La hija que seguramente tendremos
4. Todos los personajes, incluidos los más secundarios, los fugaces. Nos resultan familiares. Son ellos, los conocemos
5. Los finales de capítulo, muy en especial los que cierran las dos temporadas. Duelen.
6. Las vueltas de tuerca argumentales, perturbadoras, deslumbrantes.

Dicen que es un thriller psicológico. O político. Que va de espías, de la CIA, de la guerra de Irak, de Al Qaeda. Más bien es una inmensa historia de amor, una sofisticada operación quirúrgica para separar la verdad de la mentira, la realidad de la ficción. Ambos, retos imposibles que nos consumen y al mismo tiempo empujan: adrenalina que nos proyecta hacia dentro (oscuridades del alma) y hacia fuera (la pareja, la familia, el mundo en crisis)

Homeland recupera la fórmula que explotó Hollywood para contar Vietnam. Desde la mala conciencia (multiplicada entonces por la humillación del fracaso militar), el cine creó americanos malos culpables de los horrores, siempre cargos intermedios que liberaban al mando superior y a la tropa de cualquier cargo. En este caso se apunta un poco más alto: un vicepresidente y un jefe de la CIA.
Apuesta fuerte, temeraria, a cambio de una historia de amor que (no puede ser de otra forma en una serie norteamericana) redimirá toda esta locura. Pero hay que esperar nueve meses.

Lo que no me ha gustado: el retrato tópico y pobre del mundo (sic) árabe. O musulmán, que parece que tanto les da.

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