Mahler OSB

en tiempospos(t)modernos

Huelgas postmodernas

manifestación 14N
La vida como espectáculo. La cirugía, la realidad digital, el retoque fotográfico: formas cotidianas que maquillan hasta sustituir la realidad física, natural, imperfecta. Cultura del simulacro: según Baudrillard ya no podemos distinguir entre el territorio y el mapa que lo representa porque este lo ocupa por completo. Hiperrealismo: una capa de realidad virtual (publicidad, palabrería de medios y políticos) se superpone a lo que hasta hace unas décadas llamábamos y percibíamos como realidad. El show de Truman.

Pasa con la huelga y el discurso sindical. Poco queda de aquella contundencia, cuando una huelga tenía objetivos concretos y una ejecución arriesgada. Vamos camino de huelgas simbólicas en las que importa el impacto mediático, el despliegue casi cinematográfico de las masas movilizadas sin calendario de actuaciones posteriores ni alternativas estratégicas. Por eso todos ganan: los sindicatos salen reforzados porque la gente ha respondido a la llamada, los patronos porque los convenios o leyes siguen igual, los gobiernos porque sobreviven al órdago.
Margaret Thatcher, la gran mesías del neoliberalismo que inaugura la era postmoderna, estableció dos principios básicos: reducción del poder sindical y aumento del paro: adiós a la unidad de la clase trabajadora. Es más: adiós a la clase trabajadora.

El 14-N hubo mucha más manifestación que paro. La gente salió a la calle a gritar y compartir su indignación como lo hemos hecho (y cada vez con más frecuencia) sin necesidad de ser convocados por sindicatos. Dos realidades paralelas: la clásica (piquetes, líderes, consignas) y la actual (espontánea, descentralizada, ublicua). La realidad moderna, cuando los sindicatos formaban parte de la estructura productiva e institucional. La realidad postmoderna, donde los mercados marcan los tiempos de la crisis o la recuperación.
Las huelgas postmodernas, con la radicalidad estereotipada de su discurso, tienen en su representación algo de sobreactuado. Lo importante es la foto, la estadística, el golpe de efecto. La simulación, la impostación de un rol anticapitalista. Pero las nuevas realidades, las nuevas contradicciones, llevan tres o cuatro años flotando en el limbo: los desahuciados no estaban previstos en el guión sindical.

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