en tiempospos(t)modernos

Huevos, fútbol

Las tomas televisivas que nos muestran primeros planos del público en los partidos de fútbol se esfuerzan por destacar la presencia femenina. Que parezca que las mujeres también acuden a los estadios, y gritan y lloran entre los hombres. Ley de paridad mediática, un filtro para un espectáculo políticamente correcto.
Nada que ver por supuesto con la realidad. En las gradas no hay apenas mujeres, pero también hay pocos hombres. Hay sobre todo machos. Los campos son hervideros de testosterona, el último reducto sagrado de una masculinidad mítica que la tecnología y la calle han dejado atrás.

Escribo en un primero de mayo que ha amanecido con la victoria del Atlético y se acostará con la semifinal del Sevilla. Leo en la prensa las declaraciones de sus respectivos entrenadores, perdón, líderes (héroes militares: ¿acaso Mourinho no tiene rango de general?):
Emery: “Hay que echarles huevos, corazón y juego”
Simeone: “Estos jugadores tienen unos huevos así de grandes”
Pues eso.

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