en tiempospos(t)modernos

Introducción a Lacan (1): Bio

Lacan
Basta comparar imágenes (especialmente vídeos) de Freud y Lacan para captar que habitaron mundos tan distintos. El dr. Freud, burgués respetable de la Viena decimonónica, con su pipa y su traje con corbata. Lacan, filósofo de la gauche divine habitante de un París vanguardista entre el surrealismo de Dalí o Breton y el mayo del 68.
Jacques Lacan -basta también verlo cómo aparece ante su auditorio marcando los tiempos, reteniendo la atención como solo hacen los ídolos- fue una vedette intelectual. Amado y odiado de forma furibunda, incapaz de pasar inadvertido. Inteligente, brillante, histriónico dentro de su exquisita elegancia. Seductor, provocador, gurú de una intelectualidad que al cabo de solo unas décadas desaparecería sin apenas dejar rastro. Hoy Lacan no despertaría pasiones ni llenaría auditorios: la Universidad no acoge genios que exhiban pausas casi infinitas como las suyas.
Se peleó con Ernest Jones, Anna Freud y la Asociación Internacional de Psicoanálisis (API), hasta que logró ser expulsado. “Soy el único que ha leído a Freud”, dirigiéndose justamente a los guardianes de la ortodoxia freudiana a los que acusaba de inmovilistas.
Lacan es producto de la cultura francesa, de esta que se cocinó en París desde finales del XIX como capital del arte moderno (Lacan fue médico personal de Picasso y amigo de Dalí) hasta que De Gaulle y sobre todo Mitterand impusieron la grandeur como bandera con la que enterrar tantas aventuras intelectuales. Hablamos de Sartre, de Lévi-Strauss, de Roland Barthes, de Louis Althuser, de Michel Foucault, de Simone de Beauvoir, de Jacques Derrida: sparrings con los que Lacan entrenó y combatió desde la nube de una gloria hoy incomprensible. Cultos, eruditos y sin embargo famosos. Adorados, los textos de unos y otros ardían en la rabiosa actualidad retroalimentándose de forma excesiva.
Entonces existía la izquierda combativa y contradictoria, esa que iba desde el apoyo a la causa comunista internacional hasta apostatar del estalinismo y girarse hacia la China del primer Mao. Existía el arte rompedor que experimentaba con el inconsciente o el absurdo aterrorizando a los burgueses.
Lacan, hijo justamente de una familia burguesa de comerciantes contra la que se rebeló después de una educación católica de lo más convencional. Buen estudiante en Humanidades (Latín, Filosofía), aunque sin destacar. Estudió psiquiatría (con tesis doctoral sobre la psicosis) y trabajó como psiquiatra. Se casó y tuvo tres hijos también siguiendo un modelo convencional, sin embargo paralelo a otro libertino: vivía simultáneamante con la que fue esposa de Georges Bataille, y llegó a casarse con ella sin contárselo a sus tres hijos, de acuerdo con la primera esposa. Componendas de una época esclava todavía de convencionalismos burgueses y modelos machistas que aún no habían sido registrados como tales: Todo por y para el hombre, más si iba para profesor universitario, conferenciante de prestigio.
Se interesó por el psicoanálisis (ausente en la cultura francesa hasya entonces: el legado de Freud viajó hacia el mundo anglosajón -Gran Bretaña, EEUU- que acogió buena parte de la diáspora generada por el nazismo) y se analizó durante cinco años.
Psicoanalista heterodoxo, cuestionó los métodos que imponía la bienpensante API (por ejemplo: las sesiones de 55 minutos. Lacan introdujo la duración variable, imprevisible) y jugó a ser radical. Regreso a Freud, presuntamente secuestrado y anestesiado por sus sucesores. Regreso a los orígenes, aunque su lectura dio como resultado una arquitectura teórica que ningún freudiano ortodoxo reconocería. El Gran Otro, la tríada Real-Simbólico-Imaginario, el sujeto supuesto saber, lalangue, el objeto a, la metáfora el nombre del Padre… Nada de esto estaba en Freud (¿o sí?) porque Lacan lo leyó desde la cultura de los años 50-70. Desde la lingüística de Saussure desarrollada por Jakobson, desde el estructuralismo, desde la filosofía.
Lacan es un filósofo moderno con la ambición de crear un corpus capaz de explicar el hombre y la historia como quiso hacer Hegel, aunque con un lenguaje que se fue acercando a la poesía (experimental, esencialista, creador/descubridor de realidad) y a la matemática. Esquemas que pretendían atrapar toda la complejidad de la psique en una fórmula gráfica.
No hay otra ética que la de seguir el deseo, y la terapia no es para Lacan un feliz reencuentro con uno mismo tras haber exorcisado los fantasmas sino una aventura peligrosa que nos acerca a la Verdad de una realidad traumática silenciada: el encuentro con el deseo reprimido. Lacan trató a pacientes psicóticos como no solían hacer sus colegas, y se le atribuyó la fama de ser un analista de suicidas. Para él, la psicosis, la locura, eran expresiones dignas y hasta admirables de enfermos inacapaces de negociar con la realidad.
Cuidó su club de fans pero no se dejó atrapar en la trampa. Disolvió la Sociedad que había creado poco antes de morir.
Gesto coherente que no ha impedido que la mayoría de pensadores interesantes que siguen usando referentes del psicoanálisis sean lacanianos.

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