en tiempospos(t)modernos

Jouissance

jouissance
Una de las hijas (10 años) se ha pasado el día en el mar navegando, hoy era su último día del curso de vela. Y la hija pequeña (8 años) se ha pasado el día fuera de casa en la piscina de una amiga, viajes en bus de ida y vuelta incluidos.
Pero apenas llegar una y otra, me piden salir a la calle donde han montado una gran plataforma hinchable para saltar, con ocasión de las fiestas del barrio. Bajamos, pago los dos tickets sin límite de tiempo y me quedo sentado en la terraza de un bar que está pegado, observando cómo caen y se tiran y corren a través de los obstáculos, arriba y abajo de forma incesante, interaccionando con otros muchos niños igualmente incansables. ¿Son también elásticos o de goma, como el propio castillo hinchable?
A su alrededor todos somos personas mayores, o cuando menos jóvenes que se acercan a la treintena, y todos estamos sentados: contraste absoluto entre dos edades, entre dos mundos.

Según el psicoanálisis, la jouissance (traducido al español como goce) es esta energía excesiva que es excitación y puede ser autodestructiva, a la que el deseo pone límite para convertirla en experiencia placentera.
La jouissance se debilita o regula a medida que nos hacemos mayores, aunque queda viva en las zonas erógenas o en algunos síntomas que regresan e interfieren en la vida del sujeto.
Entre las definiciones más asequibles (seguramente demasiado elemental) me quedo con esta: “El placer tiene en cuenta lo que es bueno para uno, y para los demás. El goce busca la felicidad destruyendo y a costa de lo que sea”

Pensaba en este concepto lacaniano, polémico y abstruso, contemplando la escena descrita arriba: esta energía ilimitada que lleva a los niños a saltar y jugar y caer sin descanso. Y al acabar piden otro y más y otro y más. Una forma inocente e inofensiva pero muy gráfica de lo que pueda ser la jouissance.

Imagen: Pilar Cossio

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