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La criminalización de la deuda pública española: ¿siempre? queda algo público por recortar

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Todos estamos de acuerdo en que vivimos una crisis sistémica, incluso los que no conocen el término ni saben de economía. Deuda, recesión, paro, copago de servicios médicos, prolongación de la edad de jubilación, recortes sociales, rescate de Grecia, Portugal o Irlanda, prima de riesgo, bonos basura, déficit de EEUU… Los medios nos inundan de datos y noticias que nos pintan una catástrofe económica global que a todos (o casi) nos afecta de manera personal y cotidiana.
Pero pocos entendemos por qué se ha desencadenado esta plaga ni cuál pueda ser el remedio. En esta crisis parece que no sabemos ni de dónde venimos ni adónde vamos.

La derecha se encarga de ilustrarnos, insistiendo en hacer pedagogía del desastre que supone la deuda pública (olvidando u obviando que en España la deuda privada es mucho mayor).
Solución ante la crisis: recortar la administración, recortar las competencias autonómicas, recortar el gasto público. El Estado como un agujero negro que devora cuanto encuentra a su paso dejándonos en la ruina.
Lo cual nos aboca a privatizar, la actividad favorita de la derecha política que incluso el PSOE ha asumido como estrategia puntual.

Los paraísos fiscales, las SICAV, los enormes beneficios de la banca o las telecos… Nunca oigo hablar a la derecha de la necesidad de recortar ahí. Que, traducido, significa: manos libres a los grandes inversores y las grandes fortunas para que se dignen crear puestos de trabajo cuando y como quieran. También el PSOE asume puntualmente este discurso: convenios de empresa, salarios en función de la productividad.

De forma que esta crisis global (quizás la peor en toda la historia contemporánea), provocada por la desregulación de los mercados financieros decretada en su día por Reagan y Thatcher en los años 80 y que abrió la puerta a la codicia sin control de los grandes inversores, ahora se traslada a la población que cada vez es más pobre, y lo va a ser todavía más porque los mercados siguen especulando contra las economías más frágiles.

Para avalar esta operación neocolonial (la dictadura de los mercados expoliando el bienestar de millones de ciudadanos) es preciso contar con una versión que homologue la rapiña de forma creíble para la población saqueada. Y el eslogan de la derecha (la única que tiene discurso; la izquierda y los sindicatos dan bandazos) es este: hay que recortar en lo público.
Y tragamos: cada vez más convencidos de que hay que renunciar a parte de la pensión, de la jubilación, de la atención médica.

En el fondo, el ataque de los mercados es un ataque a la política, entendida como arte de gobernar para todos. A los mercados les molestan los gobiernos intervencionistas (un término igualmente criminalizado) que pongan condiciones y límites a su actividad especulativa. De ahí que la derecha apenas muestre programas de gobierno. Le basta con recortar gasto público (“el causante de la deuda que nos ahoga”) y dejar tranquilos a los empresarios para que puedan crear riqueza sin ponerles trabas.

Pero, como parece pasará con Grecia que a cada rescate se hunde más en la miseria, ¿qué haremos cuando no quede deuda pública porque simplemente lo público haya desaparecido?

Imagen: El blog salmón

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