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La gata sobre la teulada de zin calenta

GATA-SOBRE-TEULADA-DE-ZINC-CALENTA

La gata sobre la teulada de zin calenta, de Tenesse Williams. Teatre Lliure. Dirección: Àlex Rigola.
Teatre Principal, 28 de mayo

Lo dice el protagonista: “ni tú eres Elizabeth Taylor ni yo soy Paul Newman”, en una de las pocas libertades que se toma esta versión respecto al texto original. Toda una declaración de intenciones, que Rigola (¿adiós al Lliure?) ejecuta sin contemplaciones. Deshace lo (mal)andado con el cine y regresa al teatro. Nada de glamur ni posturitas. Nada o muy poco de calenturas en celo: simples elementos de un fresco familiar mucho más potente, que ni siquiera se queda en la condición homosexual como eje y morbo de la historia. La gata buscando macho o el amiguito del alma son efectos del verdadero drama, resultado de la tragedia. Historia mucho más masculina de lo que el cine ha vendido: disección de las miserias de una masculinidad enfermiza disfrazada de autoritarismo, castigado por Williams con un cáncer irreversible y un hijo suicida. Ni el alcohol ni los campos de algodón ni la madre omnipresente: todo gira en torno al diálogo imposible entre padre e hijo. Ahí está la tensión, el conflicto. Impresionante trabajo de dirección, al que le sobra buena parte de una escenografía que pretende ser (¿por qué?) original sin ni siquiera conseguirlo, acompañado, eso sí, de un trabajo actoral inmenso. Andreu Benito, impresionante. Demasiado tal vez: el director no supo (o no quiso) finalmente frenarle, de manera que devora al resto de personajes a medida que toma posesión de su espacio. Lectura psicoanalítica de un retrato familiar que nos remite a una generación de autores de trazo firme y diálogos todavía más acerados, capaces de descubrir y denunciar una violencia psicológica que se aferra a la ejemplaridad como coartada. Catarsis, a pesar de que Rigola nos deja sin juicio final.

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