en críticas, opinión

L'Adoració dels Reis

Adoracio Moya 2011
Más público, más programas de mano disponibles, más morcillas, más música, más texto. La obra duró más de lo habitual, pero los espectadores no se movieron de sus asientos. Más de todo, pues, incluidos los lapsus, aunque vividos con buen humor, resueltos con elegancia (el mayordomo casi hizo de segundo apuntador) y asumidos con simpatía. Hubo en general complicidad entre actores y público, y algunos de los personajes compusieron grupos con el mejor feeling, especialmente los tres pajes (que empezaron de forma excelente pero acabaron entre algunos trompicones), los tres Reyes (magnífica la dicción de Melchor, y encomiable la sobriedad de Baltasar), los doctores de la ley (de lo más divertido y teatral de toda la representación) o el dúo mayordomo-secretario. Joan Carles Palos se convirtió en referente por cuanto sus dotes actorales engrasaron toda la segunda parte dándole ritmo e intencionalidad. Gracias a él y sus particulares registros, convencieron un secretario que funcionó como contrapunto de un Herodes entusiasta y exultante, muy metido en su papel. Gustaron también las pullas contra Rodríguez y a favor del catalán normativo, pero apenas tuvieron ecos las críticas a Son Espases, la dictadura de los mercados o Bauzá. Lo más aplaudido, las dos intervenciones musicales, novedosas en relación de la tradición impuesta en los últimos años. Un(a) Sibil·la emocionada y canónica, y un vou-veri-vou convertido en contrapunto de flauta y voz. Más novedades: la pareja de ‘dimonis’ (verde en un caso frente al rojo de siempre) incorporándose a la improvisación para convertir sus gritos con los que asustar a los niños en pelea dialéctica. Y por supuesto, los dos ángeles postmodernos anunciando una iconoclasta renovación escenográfica. El diseño, al rescate de la tradición.

Artículo publicado en Ultima Hora (07-01-11)

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