en tiempospos(t)modernos

Las princesas Disney todavía no pueden tener cáncer

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Ahora es cuando empieza a decirse y escribirse la palabra, hasta ahora secuestrada en el armario de lo negado. Concha García Capoy tiene leucemia, Terelu Campos tiene cáncer, el entrenador de baloncesto Manel Comas tiene cáncer… Y lo anuncian ellos mismos, con la misma naturalidad con que se informaría de otra enfermedad.
El cáncer deja de ser un castigo divino, un estigma quizás heredado de los tiempos supersticiosos todavía tan cercanos en los que la vida y la salud eran accidentes mágicos gobernados arbitrariamente por Dios.

Empezamos a aceptar el cáncer, pero Disney todavía no ha normalizado su escaparate de princesas. La globalización o un feminismo políticamente correcto ha generado una renovación de linajes: ya no es necesario ser WASP (White Anglo-Saxon Protestant) o aristócrata para merecer el estatus de princesa Disney. Ahí están la china Mulan, la negra Tiana o la india Pocahontas.
Pero el marketing no ha llegado al cáncer, por eso se han creado grupos en Facebook junto a otras iniciativas que reclaman princesas calvas: las niñas que padecen la enfermedad también quieren sentirse bellas.

El derecho a no esperar o encontrar a un príncipe azul que las haga felices y completas es otro tema.

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