en tiempospos(t)modernos

Lauren Bacall sin maquillaje

Ni cirugía. Se dejó fotografiar así, con esta libertad de quienes aceptan sin estridencias que van a morir pronto porque ya han hecho todo lo que les dio la gana mientras vivieron. Ni rastro del glamur que conquistó a Bogart y medio mundo, “¿qué hace una chica como tú en un sitio como este?”
Saber envejecer, saber morir: nuestra asignada olvidada en un mundo volcado en la juventud, la salud y la belleza.
Lauren Bacall ha muerto a los casi 90 años, activa y a su bola como hizo siempre, desinhibida y caprichosa, agotando su ciclo como no ha podido o sabido Robin Williams, diagnosticado de Alzheimer: otro tabú, otra asignatura pendiente en nuestra época vitalista que no tiene tiempo para cuidar parientes perminales ni conciencia suficiente para asumir la eutanasia.
Ahí quedan los viejos enfermos, aparcados, como hacían antes en las casa con los familiares enfermos mentales. Encerrados, retirados de circulación.
Por esto la imagen inquietante de Bacall tiene algo de hermoso. Sí, he perdido la belleza, ¿y qué?
Lauren Bacall

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