en tiempospos(t)modernos

Lo que enseña el deporte que no enseña

Los dos individuos del vídeo bajo estas líneas son unos héroes. Dos esforzados campeones admirados por todo el país por su esfuerzo y su tenacidad. Dos jóvenes sacrificados que son ejemplo a seguir, referentes éticos para toda la población.
Etcétera.
¿O simplemente dos frikis que se lo pasan pipa?

El deporte va mucho más allá del ejercicio físico o de los campeonatos. Se ha convertido en discurso dominante que permea nuestro imaginario. Vemos los partidos y los campeonatos pero no vemos otros elementos que los acompañan. Algunas trampas y mentiras:

1. El deporte premia el esfuerzo. Este lema recuerda a los anuncios de loterías y juegos de azar. Todos prometen riqueza y felicidad, y los reportajes dedicados a los ganadores del Gordo y demás confirman este mensaje. Pero, ¿cuántos apostantes quedan sin premio? El 99,99%, que no existen en el escaparate mediático. ¿Cuántos deportistas quedan fuera del pódium, a pesar de haber trabajado duramente? Se trata de alimentar la ilusión alienante de un futuro mejor, entregado al capricho del destino. En realidad, quien se forra sí o sí es el Estado o las marcas patrocinadoras, para quienes los campeonatos y los sorteos son un gran negocio.
2. Gana el mejor. Otro mensaje subliminal que nos invita a persistir en la lucha competitiva sin dejarse afectar por injusticias estructurales. Pero no gana quien marca más goles o corre más sino quien tiene además tiene más suerte. Cuántos partidos resueltos en el último minuto o por un fallo del contrario. Por no hablar de la mano de Dios de Maradona que institucionaliza el engaño: los argentinos siguen adorándolo como un dios.
3. El deporte es solidario y colaborativo. En realidad, es ferozmente individualista y en el caso de los equipos se impone la ley mafiosa de los clanes. O la lógica nacional. Los locutores se encargan de reforzar la simbiosis entre el atleta o jugador y su tribu. “Estamos ganando”, en plural. El deporte como representación simbólica de las guerras que Occidente ha desactivado desde la II GM, a excepción del conflicto balcánico: los deportistas son trasunto de los militares, héroes con honores de general, personificación de la bandera y el himno. En realidad, los deportistas de élite cobran un pastón por defender los colores, y es frecuente entre futbolistas que cambien de equipo temporada tras temporada de acuerdo a las leyes del mercado. Algunos de los deportistas mejor pagados ya son propiedad de Fondos de Inversión, que deciden su futuro de acuerdo a criterios bursátiles. Sin embargo, la mística mediática sigue mostrándolos como héroes desinteresados que aman los colores del club o la bandera.
4. El deporte es sano. Glorificación del gimnasio y el culto al cuerpo como representación máxima del ideario narcisista. Todos queremos parecer jóvenes y fuertes como traducción de una ilusión de salud. Las lesiones frecuentes y los dopajes masivos, muchos por destapar, quedan excluidos de este discurso dominante que iguala práctica del deporte con cuerpo saludable, o en todo caso son referenciados como casos aislados y lamentables.
5. El deporte es justo y trascendente. Evoca leyes universales como el karma y pone a todos en su sitio. Si por un momento prescindimos del ropaje místico y publicitario (la capa del emperador), contemplamos un simple juego entre un grupo de frikis. Frikis que dedican horas y horas a mejorar su salto y su músculo o su precisión en darle a una pelota. Frikis convertidos en artistas y hasta pensadores (“la filosofía del fútbol”) líderes de la opinión pública.
6. El deporte ayuda al desarrollo de la Humanidad. Es bello, es ético, es sano, es solidario. Fuera de este discurso ejemplarizante quedan los médicos, los enfermeros, los maestros, los bomberos, los voluntarios, las ONGs, los investigadores, los científicos, los artistas: por lo visto, simples profesionales.

running

Se trata de blindar un discurso social a salvo de las contradicciones y explotaciones del sistema, una forma de seguir creyendo en él cuando fallan el Estado, los partidos. Cuando las grandes corporaciones empobrecen a la población imponiendo una lógica autoritaria. Podemos seguir creyendo en las bondades en diferido del sistema. Creemos en Messi, en Gasol, en CR7, en Nadal. Aunque cobren mil veces más que un presidente de gobierno o defrauden a Hacienda como simples delincuentes mientras millones de personas están el paro o no cobran ningún tipo de prestación. Somos fans, no ciudadanos. Sentimos, no pensamos. Nuestra fidelidad, nuestra adhesión, entregada a unos frikis.

Panem et circenses. Todo un programa de gobierno, que debemos a los romanos. Desde entonces, se ha mejorado y sofisticado. La explosión del deporte como espectáculo y discurso, popularizado de forma masiva, data de finales del siglo XIX, una época durante la que se materializaron inventos que permiten la reproducción de la realidad como la fotografía o el cine o la comunicación global como el telégrafo, el avión y décadas atrás el tren. Instantaneidad y virtualidad, esta es la magia que la tecnología aporta al deporte para convertirlo en un circo imbatible y universal: casi 5 mil millones de espectadores siguieron los JJOO de Río.
Cámara superlenta, primerísimos planos, realidad virtual, conexiones simultáneas, pantallas UHD 4K, grabación en 360º: ningún otro espectáculo cuenta con una infraestructura tan potente y un efecto tan hipnótico. ¿Cómo sustraerse a esta magia deslumbrante?

Bonus:
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Crédito de la imagen: Running Salud

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