idus de marzo

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Los idus de marzo, el presidente que mataba rubias

idus de marzo
Título pretencioso para una historia previsible. Los idus de marzo eran días buenos (el candidato saca adelante la campaña, el asesor se siente halagado por una oferta de la competencia… la adrenalia que se cuece en los aparatos de los partidos) que han pasado a la historia por torcerse: en estas fechas fue asesinado Julio César.
Trasladado al escenario norteamericano (¿cuántas películas no se habrán rodado en torno a las elecciones en EEUU?), el argumento ha sido vitaminado con la referencia fundamental de su imaginario político. Desde Kennedy y Marilyn, todas las historias de presidentes y amantes son variaciones de esta pareja fundacional. Mítica. En este caso, la rubia de turno ha sido degradada a la condición fugaz de becaria (tributo al episodio de Clinton, otro hito en la galería amatoria de la Casa Blanca) para mayor gloria de un Clooney que además firma la película como director.
Siempre me ha parecido un actor limitado, y en esta ocasión además me parece mal dirigido, valga la redundancia. Por su parte, Ryan Gosling (Drive) sigue su estela de guapo inexpresivo que fía todo el carisma a la presunta sutileza de su mirada. Me gustaron más Philip Seymour Hoffman y sobre todo Paul Giamatti, estos segundones que aportan fuerza interpretativa y consistencia psicológica.
Lo mejor: el ritmo narrativo. Contenido, sobrio. Tensión dosificada, de forma que el interés o la intriga aumentan a medida que avanza la película.
Por supuesto, final sin moralina como corresponde a este género en que la denuncia de la corrupción ya es un tópico literario.

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