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Louis C.K. vs Louie

Louis C.K. es un cómico que puede recordar a Lenny Bruce (1925-1966), aquel monologuista autodestructivo que Dustin Hoffman llevo al cine en 1974. Por su ácido sentido del humor políticamente incorrecto y su gusto por la provocación. Insolentes y obscenos, Louis C.K. tiene a su favor una inmensa humanidad proporcional a su volumen y su peso. Y dos hijas, que asume con la eficiencia de un padre soltero como no existían hasta hace poco.
Louis C.K. ha protagonizado en modo absoluto o autogestionario (guionista, director, productor, actor y no sé cuántas cosas más) tres series televisivas. La primera (Lucky Louie, HBO, 2006; puede encontrarse en Amazon) pasó casi desapercibida. La segunda (Louie, FX, 2010-2015) le ha hecho famoso. Y la tercera (Horace and Pete, webserie, 2016-) está explorando la comedia coral de formato teatral, una suerte de regreso chejoviano a Cheers. Las series retro que nos devuelven a los 70 o los 80 están de moda: Stranger Things o The Get Down. Netflix se ha apuntado el tanto.
Si no supiéramos de Lenny, podríamos encajar a Louis C.K. en un programa del club de la comedia, o relacionarlo con un Woody Allen pasado de rosca. Pero su perfil biográfico rebasa estos límites. Abuelo húngaro judío, abuela mexicana mestiza católica, madre norteamericana de origen irlandés. Con todo esto, Louis construyó un personaje que se reencarna en cada una de sus producciones. Escatológico, tierno, irreverente, aprensivo, sincero, amante impenitente.

La serie Louie que ahora añade Netflix a su catálogo español tiene poco o nada que ver con las series que estamos acostumbrados a ver. Es una serie de autor, y te encantará o cansará en la medida con la que empatices con el personaje. Cuenta las andanzas cotidianas (amores, ligues, familia monoparental, colegio de las niñas, trabajo en los pubs, partidas de cartas con los amigotes monologuistas que también incluyen a una mujer, cameos de David Lynch o Glenn Close) La vida cotidiana de un bohemio, padre divorciado que cocina y mantiene historias pendientes con sus hermanos lejanos reaparecidos o su madre reinventada.
En realidad, la serie es la confrontación alternante de dos tramas. Una es la sucesión de monólogos de Louis C.K. Otra, la narración de las peripecias de Louie.
Louie C.K. es ingenioso y mordaz. Parlanchín y exitoso, aunque en ocasiones su trabajo le juegue malas pasadas. Situaciones embarazosas como su gira militar en Afganistán (Duckling, s02e011), los engaños del mundo televisivo (Model, s04e02, un tête a tête con Jerry Seinfeld), las incomodidades de las actuaciones en provincias (The Road, s05e07 y s05e08) o las lecciones inesperadas de una no tan vieja dama del escenario (Joan, s02e04). El mundo de Louis C.K. es homófobo y machista. Busca sexo y comida. Una líbido que se completa con el exabrupto verbal, el desahogo de los chistes, el fustigamiento de las instituciones.
El mundo de Louie sin embargo es más femenino. Es el que habita su vida de cada día, sus relaciones, sus ocupaciones de amo de casa. Louie es un amante tierno y respetuoso aunque motorizado por la ansiedad. Qué bonito el episodio So Did the Fat Lady (s04e03): “No estás gorda, esto es lo peor que puedes decirle a una chica gorda”. Un episodio inusualmente tranquilo e incluso poético, com este final abierto falsamente anticlimático en que él y ella pasean cogidos de la mano sin más.
Al principio de la serie, Louis C.K. tiene más fuerza que Louie, pero a medida que avanza Louie se impone a Louis C.K. Las historias y las anécdotas, surrealismo con grandes dosis de compasión, son cada vez más extensas e interesantes. Los monólogos siguen pegados a su guión amargo y desafiante pero las historias son cada vez más ricas. Más emocionadas, más femeninas. Ejemplo culminante de esta evolución que también es transformación: ¿cómo se consuma la relación con Pamela (s05e04)? El macho desinvestido

Pamela-Adlon-and-Louis-CK-in-Bobbys-House

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