en mipapámemima, tiempospos(t)modernos

Mamá omnisciente

mama

Cuántas veces hemos oído aquello de “te conozco porque te he parido”, recordatorio de que estás marcad@ de por vida como propiedad privada, incapacitad@ además para conocerte y poseerte de forma autónoma y definitiva.
Me recuerda un pasaje de una novela de Milan Kundera (creo que La vida está en otra parte). El autor le dice a uno de sus personajes: por mucho que te alejes nunca podrás deshacerte de la cadena al cuello que controla desde el otro extremo tu madre.
Y una duda: ¿cambiará este imperio el día cercano en que las mamás ya no cosan, laven, remeden y planchen como todavía muestra la imagen?

deja tu comentario

Comentario

  1. El conocer a los hijos “porque los hemos parido” no es sino una frase-resumen de “te conozco porque te he alimentado-vestido-cortado las uñas-sacado los piojos-ayudado con los deberes-velado el sueño en la salud y la enfermedad-acompañado al cole y demás extraescolares-jugado contigo-leído contigo-visto pelis y tele contigo-paseado, viajado, comido, llorado, reído…” y un largo etc. a lo largo de muchos años. Casualmente no he incluido ni lavar, planchar ni remendar, ni siquiera cocinar como paradigma del recuerdo remoto de la lactancia. Cualquier persona, hombre o mujer, que tiene para con otra (de cualquier edad) una dedicación de este calibre tiene un “acceso” hacia el otro que es propio de cualquier especialista que ha invertido décadas en el estudio de un tema. Esto son básicamente las mamás de siempre, “especialistas en sus hijos”. Y como todos los especialistas, sus juicios están sesgados por las “corrientes educativas de su formación” a veces impermeables a los aportes y avances de la ciencia. Basta de quejarse de las mamás. Peor que cualquier mala madre, es no tener madre. No tener a nadie que te haya estado observando con atención (más o menos imperfecta, más o menos “profesional”) a lo largo de la vida. Otro tema son mujeres que no merecen el elevado calificativo de “madre”; porque madre no es la que “pare” es la que ama.
    Algunos hombres son madres. Todavía pocos. La cadena tiene dos extremos, y en el otro está el cuello de la madre. Ojalá que nunca cambie, estaríamos aún más solos y más perdidos.

  • Contenido relacionado por Etiqueta