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Millie Brown, la exorcista buena de Stranger Things

Vale, la serie es entretenida y se ve con gusto. Tiene misterio, suspense, amor adolescente, aventuras de niños. Recuerda a Spielberg, Stand by me, Los Goonies, Stephen King y cincuenta iconos más de los 80, meticulosamente programados para que aparezcan en la serie al ritmo de la nostalgia que despierta en los treinta/cuarentañeros, el público a quien va dirigida la serie.
También es cierto que su lanzamiento en pleno verano ha coincidido con un bajón general de la parrilla, y este desierto la ha beneficiado. Stranger Things está de moda, todos hablan bien de ella. A su favor, los pocos capítulos de esta primera serie, que facilitan su consumo y evitan el desgaste.
No me ha entusiasmado. Prefiero la pandilla de Stand by me o la trama de Super8. Y, como les pasa a muchos, me parece algo sobreactuada la interpretación de Winona Ryder.
Entre los productos que la serie ha lanzado al mercado, destaca el personaje de Eleven. Una médium que me recuerda a Lisbeth Salander. Maltrato infantil, hipersensibilidad, fuerza interior. La actriz ha colgado en Twitter el vídeo que muestra cómo se rapaba:

Por supuesto, los creadores de la serie y el CEO de Netflix ya preparan el terreno de la segunda temporada

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