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Mourinho, catalizador pero no revulsivo

Mourinho-Real-Madrid
El Madrid hoy ha perdido el partido contra el Osasuna y quizás la Liga. Pero lleva tiempo perdiendo: imagen, eficacia, fiabilidad. Mourinho empezó de forma fantástica en el Madrid, arropado por su estela galáctica de mejor entrenador del mundo y un juego brillante y vertical. Ronaldo marcaba goles a espuertas y la medular creaba juego gracias a fichajes como Özil y di María, con Xabi Alonso como guardaespaldas. Pero llegaron las prisas, las urgencias de un club que necesita títulos o en su ausencia culpables. La lesión de Higuaín funcionó como desatascador de los enfrentamientos internos y Mourinho añadió a Valdano a su lista de enemigos. Esta lista en la que ya figuraban los árbitros, algunos entrenadores españoles y los poderes fácticos confabulados contra el Real Madrid.
Buen argumento para la parroquia, entregada a su salvador. Los madridistas adoran a Mou por lo que tiene de catalizador, su gran especialidad. Le gusta ser el centro del espectáculo mediático y se ha ofrecido como líder del nuevo Real Madrid, justo lo que no pudo ser Raúl ni del Bosque. Ni Camacho, ni Hierro, ni Michel, ni ninguno de los granes iconos históricos del madridismo. Mou llegó como complemento ejecutor de la doctrina Florentino, a la que barnizó con el toque glamuroso de campeonísimo desafiante que no pusieron ninguno de los entrenadores anteriores. Espejismo o no, el equipo (este test de la bondad de una doctrina que supone cada partido) ha ido de más a menos. Hoy ha perdido contra el Osasuna pero lleva semanas jugando sin la explosividad que asustaba meses o semanas atrás. Mourinho ya no es el revulsivo que se suponía debía ser. Las mismas dudas, la misma falta de esquema que en anteriores temporadas. En fin, falta mucha Liga, y ahí están la Copa y la Champions. Pero el madridismo no ha recuperado la moral del triunfador, y sigue mirando al Barça, aunque sea para criticarle.

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