en tiempospos(t)modernos

Navidad, universal kantiano

papa noel playa
A lo mejor Jesús no nació columpiado por el aliento de un buey y una mula, y es posible que su madre nunca hubiese conocido varón: doctores tiene la iglesia para dirimir tales sutilezas.
Mientras tanto la Navidad sigue celebrándose en todo el mundo el mismo día, 25 de diciembre: todo un éxito de colonialismo cultural que (dadas las diferencias de medios y tecnología) supera en mucho el conseguido por la industria cultural norteamericana en el siglo XX.

La Navidad cristiana fue instituida tardíamente (siglo II o III) para asimilar el nacimiento de su dios a la festividad pagana del sol y homologarse así ante nuevos posibles clientes. Tan es así que la fiesta fue despreciada en distintas ocasiones por su carácter pagano: la prohibieron los primeros protestantes y todavía hoy los testigos de Jehová se oponen a su celebración.
Una vez oficializada, la Navidad se ha ido enriqueciendo con un repertorio infinito de paisajes, valores, gastronomía e imágenes. Entre ellos, la nieve. Una nieve universal y abstracta, impuesta violentamente como elemento decorativo urbi et orbe. ¿Qué sentido tiene cantar la blanca navidad en Argentina, por ejemplo, en pleno verano?

El mensaje universal de Jesús (“amaos los unos a los otros”) que trascendía el localismo de la religión judaica fue convertido por la iglesia en colonización cultural. Bajo el palio del ecumenismo, impuso una imaginería única de acuerdo a un modelo centralizado: todos los caminos conducen a Roma. Todo el mundo conformado de acuerdo al patrón vaticano, brillante operación de marketing que deja pequeñas las de McDonald’s o Disney.

Así, la navidad (el belén, los villancicos, la misa del gallo, los regalos, la familia, el turrón) ha pasado a formar parte de las intuiciones kantianas, formas a priori de la sensibilidad anteriores a la experiencia. Para Kant había dos: espacio (sensibilidad externa) y tiempo (sensibilidad interna). La se encargó pronto de añadir su propio universal categórico, la Navidad.
Después vendría la Coca Cola a vestir de rojo a Papa Noel hasta llegar al actual pastiche postmoderno. Pero esta es otra historia…

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