en tiempospos(t)modernos

No podremos ir a la tomatina

20.000 entradas a 10 euros cada una, todas agotadas desde hace meses. 140.000 kilos de tomates en un día, el 27 de agosto. Y mira cómo están los sanfermines. Y las fiestas de Sant Joan en Ciutadella. No importa que haya santo patrón que las bendiga o que tengan que ver con los trabajos del campo: ¿quién va a misa o a sembrar?
tomatina
Lo que importa es el desfase. El descoloque, el desmadre. Bendecidos por la tradición (este imaginario que nos acompaña forrado de pueblo mítico para compensar nuestro hiperurbanismo) y corroborados por la masa de gente que se congrega, para también compensar nuestro hiperindividualismo.
Imprescindible, obligatorio, el alcohol. Las demás drogas, a cuenta de cada uno y sus gustos. Pero que no falte el alcohol, esta alegría del coco que ablanda las penas y empapa los corazones, desinhibe conductas, potencia el sexo y acerca cuerpos de otra forma pasivos y solitarios.
Por el tomate, o por un santo. A emborracharse

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Comentario

  1. yo viví en Buñol 3 años, del 86 al 89, y participé en la tomatina con alegría y ganas. En aquella época no había que pagar entrada, ni la gente se emborrachaba tanto… no era una fiesta tan famosa, los niños (como yo) participaban junto con los adultos, y echábamos agua por las terrazas a los que seguían tirando tomates después de las tantas.

    Qué tiempos aquéllos