en tiempospos(t)modernos

Obispas

En 1994 el papa Juan Pablo II (perdón, San Juan Pablo II) publicó la carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis para fijar la postura de la iglesia católica “sobre la ordenación sacerdotal reservada solo a hombres”. El texto (contundente en su brevedad: se lee en unos minutos) refuerza la doctrina defendida por Pablo VI, según quien Cristo “coherentemente ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia”. Otras perlas apuntan en la misma dirección, ¿para qué comentar más?

Viene a cuento la anécdota (vistas desde fuera, las decisiones más trascendentales de la iglesia tienen un aspecto naïf, si no fuese por los escándalos financieros y su política contra la planificación familiar en el tercer mundo) por la reciente decisión de la iglesia anglicana a favor de las mujeres obispo. Ahora no solo podrán ser sacerdotisas, también obispas.
Y esto remueve el debate. El no debate: todas las voces católicas autorizadas ya se han alineado en contra de cualquier posibilidad de abrir el ministerio sacerdotal a las mujeres.
obispas-anglicanas
No queda sino aplaudir a una institución coherente. Con la Contrarreforma que blindó la iglesia contra las modernidades. Con la Inquisición que la encerró en un dogmatismo fundamentalista. Con su anticientifismo, que le llevó a negar el evolucionismo durante décadas y aún colea en forma de creacionismo. Con el conservadurismo que cerró filas contra la teología de la liberación y el aggiornamento de Juan XXIII.

Se me ocurre una hipótesis que explicaría este cerrilismo. Los curas, obispos y cardenales no quieren mujeres porque acotarían la impunidad con que han practicado miles y miles de casos de pederastia

deja tu comentario

Comentario