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¿Ordenadores en las aulas? No, gracias

Todos mis alumnos de 1º de ESO tienen cuenta en Google Apps (correo corporativo, Drive y calendario compartibles, grupos…). Activé este servicio en el instituto siendo director, para todos los profesores que quisieran implementarlo; y a principio de curso, desde el primer o segundo día de clase he dado de alta a todos los alumnos nuevos. Una operación simple y rápida que permite que la plataforma de comunicación virtual esté operativa desde el primer momento.
Entro pues en el aula y abrimos el armario donde se guardan los netbooks del programa Escuela 2.0. Cada alumno con el suyo. “Profe, no funciona”, “profe, va muy lento”, “profe, me sale un aviso de…”, “profe…”, “profe…”, “profe…”
Tengo que aclarar que en el instituto contamos con el coordinador TIC reglamentario más el apoyo (8-10 horas semanales) de una empresa de informática y el de otro técnico que dedica unas 15 horas semanales a supervisar hardware y software. Y hemos invertido en servidores y cableado. Así, varios años. A pesar de lo cual más de un día falla la conexión (el ancho de banda tiene cuellos de botella derivados de una política centralista y burocratizada de la Administración). O el navegador no está actualizado y no soporta tal programa. O el audio no responde. O… O… O…
Llevo años empeñado en estandarizar el aula digital. No se me ocurre otra forma de cumplir con el mandato pedagógico de enseñar para la vida o incluso con el imperativo legal de evaluar la competencia digital de los alumnos. Además de Google Apps for Education, usamos Schoology, Mahara y puntualmente otras herramientas 2.0.

Al cabo de este tiempo suscribo esto:

El informe PISA de 2009 demuestra que a mayor uso de las TIC en el aula peores resultados; pero a mayor uso en casa, mejores resultados. Al anular la variable socioeconómica, se mantiene ese resultado. ¿Conclusión? No es el grado de uso lo determinante, es el tipo de uso que se dé a las TIC en clase. Perder 15 minutos de clase para armar el ordenador es un ejemplo de uso dañino que no va a mejorar nada. Y por eso lo comparo al bilingüismo: si lo aplicas con profesores que no saben inglés y eso baja la asignatura a niveles troglodíticos, ¿qué hacemos: esperar 30 años a que los profesores aprendan inglés e informática o buscamos vías rápidas? (Mariano Fernández Enguita. Más sobre TALIS, en su blog)

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Comentario

  1. Hace mucho tiempo que ya he expresado mi queja en varias ocasiones por el uso de los ordenadores en la enseñanza. El ordenador tiene su lado positivo, pero tiende a absorber al usuario. Es como una droga que hay que mantener a raya. La escuela debería fomentar un tipo de estímulo más amplio que lo que puede ofrecer una pantalla: habilidades manuales, como la caligrafía, los trabajos manuales, el dibujo, la organización del pensamiento a través de esquemas dibujados en una hoja de papel en blanco (con toda la libertad que ofrece la mente, sin las limitaciones del programa de turno), la conciencia del espacio tridimensional, la comunicación verbal y no verbal, el contacto físico en los juegos etc etc.
    Los niños viven inmersos en la informática, que por otra parte se acerca de cada vez más al usuario, con su inteligencia artificial y sus interfaces cada vez más humanas. Deberíamos reflexionar sobre lo que significa el aprendizaje hoy en día, con un mundo transformado por la tecnología. Supongo que a pesar del Google-sabelo-todo y de las calculadoras sigue siendo fundamental aprender a memorizar, a calcular, como gimnasia mental, pero de cada vez más se hacen imprescindibles otras habilidades como la capacidad de adaptación, la gestión de la información y las estrategias de trabajo en grupo.

    • Estoy a favor de los ordenadores en el aula, el aprendizaje de la competencia digital no debería ser autodidacta y lúdico como es ahora. Lo mismo que existe el analfabetismo funcional (ciudadanos que saben leer pero sin filtro crítico) existe el analfabetismo digital funcional: chicos que saben jugar, editar vídeos, comunicarse, escribir a toda velocidad… pero sin filtro crítico: cómo y dónde buscar, procesar y elaborar información en la red. El problema es que la administración no se lo cree y se limita a unas dotaciones ridículas por lo insuficientes (un profesor es el encargado de gestionar todo el sistema de un centro con solo 2 o 3 horas diarias de dedicación: mantenimiento, cableado, hardware, configuraciones.. de 200, 300 o 500 equipos) Por su parte, muchos profesores se resisten a integrar la informática en sus clases. Por eso, ante esta farsa, mejor no usar ordenadores en el aula.