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Pastel de pera con lavanda

El título asusta. Una peli gastronómica y panteísta, socorro. La erótica de la mesa contada en clave sostenible. Y además en forma de “cuento de hadas” como confiesan los créditos. La grand bouffe en elegante y poético.
Pero no. La historia sortea todas estas amenazas aunque bordeándolas. Quiero decir, tiene un aire naif sobrevolando las escenas al que no renuncia como si el realizador se sintiese cómodo en esta frontera entre la cursilería y el realismo casi de denuncia.
Y encima, un romance. Un encuentro amoroso que se adivina desde el primer momento, por supuesto con un tercero en discordia que encarna el rol de malo pero con poder. Uf, qué malo rollo narrativo. Pero también la peli salva el escollo sin renunciar a contar el culebrón.
Y hay más: un embargo económico a punto de ejecutarse, un padre y marido fallecido prematuramente, dos adolescentes peleones, un Asperger, una orden de internamiento psiquiátrico en marcha…
El secreto, creo, está en el tono. Nada de todo este conglomerado de componentes que podrían resultar tremendistas se nos hace pesado. No nos inquieta. Pasa. Sucede. Se encadena en una sucesión de hechos y reacciones bien construidas, de acuerdo a un principio vitalista. Un tono menor, en sordina, que respeta el mundo interior y menos problemático del protagonista. Le goût des merveilles es el título original: El sabor de las maravillas. Tampoco, como la pseudotraducción al castellano, me parece afortunado. Es cierto que Pierre contempla su entorno como un jeroglífico mágico, pero la película tiene la virtud de contarlo con el registro más cotidiano. Más dulcemente cotidiano. Ni siquiera la crisis que le sobreviene cuando ella está a punto de chocar o los días de silencio autoimpuesto en el hospital son tratados con tinte trágico.
El peligro sin embargo se mantiene hasta el final. El peligro de sucumbir al sentimentalismo redencionista en una escena de felicidad publicitaria. Vale, el malo es castigado y los buenos son premiados con una oportunidad. Pero sin más. Bravo.
Una belleza de película

Le goût des merveilles

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