en tiempospos(t)modernos

Perros de presa

presa canarioYa casi no veo por la calle dobermans ni rottweillers, ni por supuesto setters, pointers ni bobtails. Disminuyen los pastores alemanes y en general casi todas las razas que el cine puso de moda hace unas décadas. Perros grandes y amistosos que simbolizaban cariño y familiaridad, si no algún tipo de confort o estatus.

Pero hoy los pisos son cada vez más pequeños, y la gente tiene menos energía y dinero para atender a sus más fieles amigos, de ahí que arrasen los perros pequeños. Gastan poco, no ocupan espacio y apenas cagan, todo un detalle que sus propietarios agradecen a la hora de sacar la bolsa para recoger los excrementos.

Y junto a todo tipo de perritos, muchos de ellos sin pedigrí ni raza que los identifique, cada vez veo más perros de presa. Pero aquellos dobermans o rottweillers, encargados de vigilar la segunda residencia, sino dogos, pitbulls y demás variantes.
Así como los perritos acompañan a señores mayores, esta nueva generación de perros de presa van con gente joven, también ellos una nueva generación de una sociedad orientada a la xenofobia o algún otro tipo de exclusión que contrasta con el discurso oficial tolerante, multicultural, no sexista.

Estos presos de presa paseando su potencial agresividad por las calles es la metáfora menos amable y más primaria de la respuesta ciudadana a la sociedad de riesgo, definida y estudiada en los 80 por Ulrich Beck1.
De este sentimiento difuso de amenaza (SIDA, destrucción nuclear, cáncer, cambio climático, recesión, paro…) que encuentra en las dietas y el deporte una contraparte activa y civilizada, aunque igualmente neurótica, de exorcismo.

1. Ulrich Beck: La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad (PDF, traducción al español)

deja tu comentario

Comentario